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Reajuste de Espectativas
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Publicado el 10 de Mayo, 2008, 18:23.
en Reajuste de Espectativas.
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by Manuel Darío
Recientemente viendo la tele no me di cuenta que hacía ya rato que el programa había concluido. Algo me estaba molestando, pero no comprendía qué podría ser, hasta que una señal muy dentro estalló, comprendiendo que era uno de esos incontables programas del corazón –que absolutamente nada tienen que ver con el corazón, debido a lo dañino que ellos son-, y como un reflejo incondicionado… o tal vez más que condicionado fue de salvación, comencé a pasar los canales. ¡Dios mío, son incontables los canales dedicados al corazón, leerte el futuro y al porno!
Hallar un buen espacio televisivo es como intentar descubrir qué originó el Big Bang o si realmente hay un Dios todopoderoso. El caso fue que terminé anclado en Discovery Channel, allí estaban pasando un reportaje financiado -entre otros dos productores- por Rosi O´Donell, trataba sobre un crucero únicamente cargado de parejas homosexuales y algunas heteras como muestras de apoyo, donde la gran mayoría iban con sus hijos, por nacimiento o adopción. Tomando al mar como único y verdadero espacio neutral.
Era un reportaje donde se mezcló parte de la vida de cada componente de la pareja, hablaban sin tapujos de sus orientaciones sexuales, de cómo decidieron dar ese paso para salir del armario, el miedo y la incertidumbre que ello les conllevó. Como se conocieron, lo que tuvieron que soportar por parte del resto de la sociedad. Burlas, críticas, desprecios y negaciones; pero por encima de todo esto podíamos palpar el amor con que son criados esos niños, la felicidad que sus rostros muestran al mundo mediante las cámaras.
Pudimos ver, como un gran paseo, la ciudad de Miami, Nassau y otro tanto de islas del hermoso y extrañado Caribe. El recibimiento que en cada parte le era dada. Comprobamos que aún existen personas que escudándose en sus religiones atacan todo cuanto no es acorde a sus pensamientos, demostrando con ello su incapacidad a la comprensión y a la tolerancia. No les importó que entre esas parejas "algo extrañas" para ellos, hubiera niños que no comprendían lo que estaba sucediendo, que lo único que absorbían era miedo, un inmenso miedo, algo que sus "queer" padres no le trasmiten.
Realmente no sé si nuestro Dios, como dicen, creó todo a su semejanza, o simplemente herró en su gran proyecto, deseando construir un paraíso que él mismo desconocía, logrando la mayor de las chapuzas, a tal punto, que le abandonó a su suerte. Ahora bien, usar el nombre de algo tan grande para nuestras propias conveniencias es verdaderamente abominable, es no tener una fe, es no tener respeto para con los demás, así sean de credos diferentes, sexualidades diferentes o etnias diferentes. Sobre todas esas cosas hay una sola palabra que encierra lo que hemos debido ser desde siempre: Amor, amor para el prójimo, amor para la vida.
Antes de juzgar a esas personas se debe observar la felicidad con que viven esos niños, palpar la alegría y el respeto que todos esos niños profesan por los que les rodean sin dar demostracines de soberbia o discriminación. Haber escuchado sus palabras de agradecimiento por el amor, el apoyo y la preocupación con que son criados por sus padres... Con la tolerancia que le es enseñada. Eso es lo que vale, de eso es de lo que debemos tomar ejemplos y no alzar un libro que alguien, alguna vez, dijo era sagrado, para blasfemar, herir o injuriar a otro ser que como nosotros, tiene todos los derechos del mundo... Hasta el de elegir su sexualidad.
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Publicado el 3 de Mayo, 2008, 13:42.
en Reajuste de Espectativas.
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by Manuel Darío
as distancias acaban imponiendo sus leyes, haciéndonos guardar las cosas que nos pueden doler. Intentando con ello sobrevivir a muchas que obligado nos vemos a dejar para emprender el camino de nuestra vida, ese que por más que eludamos acabará cruzándose con los atajos, aunque algunos digan que nuestro camino está hecho de todos esos atajos. Al final lo tendremos que agarrar firmemente o él se nos impondrá a nosotros.
Cuando decidamos echar a andar, el equipaje será ligero porque la distancia no la sabremos hasta que no la concluyamos, tendrá que ser ligero porque nos abrumaran los momentos vividos a cada instante, los que dejamos andando su camino. Pero con el tiempo, pensaremos en todo eso y buscaremos entre los rastros los recuerdos, los instantes, la gente que compartió con nosotros, o los hechos que nos conformaron… Algunos tristes y otros alegres. Desconocemos que al abrir esos libros dormidos las imágenes saltaran para chocar con la actual realidad y sin desearlo compararemos tiempos, amigos, buscaremos las personas que tuvieron su protagonismo y descubriremos que nada de eso ya está, que el tiempo decoloró las fotografías y la memoria ha fallado en sus recuerdos, olvidando algunos, distorsionando otros; perspectivas que se confunden con los colores que le hemos ido incorporando para que se mantengan atados a nuestra piel.
Algo sí será factible y reconfortante, una alegría arribará junto a todas esas cosas que vamos sintiendo, navegando entre cada detalle, imposibilitados de ahogarnos en las lágrimas que brotaran al ver que muchos de esos momentos no estaban presente, porque las realidades compradas al partir llenaron las alforjas.
El amor, la amistad, la familia o los espacios que nos circundaban chorrearan de la luna al mirarla como recuerdos ilustrados que nos atacan sin piedad. El balance estará en saber si lo logrado meritó, si todo lo perdido pesa más que lo conseguido, por cualquiera de las dos cosas pensaremos si aún tendremos el suficiente tiempo para buscar esos recuerdos, si mañana no se nos acabará la vida. Nada podremos hacer para escapar de las evocaciones, nada nos quitará el dolor de no poder volver a ver a quienes marcharon y no le despedimos, o los que por una u otra razón se alejaron de nuestro existir engrosando el listado de los que no están.
Fotos que abruman el presente, soplos de viejas fotos de gente que satisficieron los criterios, luces que iluminaron los sueños vencidos o desechados, convenciendo al tiempo para correr tras otros hasta culminar las ilusiones y de repente están las memorias ahí, dormidas entre esas fotos que se dejaron en un cajón guardado en lo más alto del closet, extraviado entre todo lo demás que no usamos, sin saber dónde volver a guardarlos cuando nuevamente topamos con ellos y la soledad nos fastidia deseando poder retornar aunque sea por un insignificante instante para decirle a todos cuanto le pudimos querer, cuanto nos duele no tenerles en nuestro actual presente, y despacio nos marcharemos con el peso de lo perdido o con la alegría de lo construido… Eso, sólo lo sabremos cuando al final lleguemos, cuando veamos lo que construímos.
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Publicado el 17 de Febrero, 2008, 13:24.
en Reajuste de Espectativas.
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by: Manuel Darío
Somos el reflejo de nuestros acontecimientos, el resultado de hechos que nos han moldeado. Tanto de los agradables como de los dolorosos, siendo estos últimos lo que más raíces introducen en nuestras memorias. Con todo ello caminamos la vida, reestructurándonos luego de cada contienda, largando un trozo de piel y algunas lágrimas; marcando indeleblemente nuestra actitud ante cada hecho que nos llegará. Cerrando las puertas muchas veces por temor a volver a caer. Pero el amor como el olor, como la luz del sol, como el trazo de un cometa en la noche, nos absorberá una y otra… y otra vez, marcando el derrotero a esa felicidad que ilusa, verdadera o hasta virtual nos alcanza cualquier día, por más que esquivemos su encuentro. ¿Qué podemos hacer para cuando él toque a la puerta?
No lo sabemos, porque tampoco le vemos tal cual es. Se esconde, se diluye o hasta se confunde entre las normalidades de cada instante. Una mirada, una sonrisa. Quizás un simple ¡No sé! y ya todo está hecho. Abierto ante nuestros pasos sin que podamos eludirle. O tal vez no queramos tampoco… Habrá mil y tres excusas para salvarle, mas él tendrá otras mil y tres razones para conquistarnos.
No importará si sufrimos, si lloramos, si dejamos, si herimos. No le importa si como un objeto más fuimos usados, si la propia vida nos llevó a cerrarnos. Él, el Amor, destruirá las disculpas, las razones, las necesidades prioritarias que durante algún tiempo nos hemos fabricado para ocultarnos de él… ¡Nada le importará!
Mas, cómo continuar, cuando fuimos diana de sus caprichos, de su loca manía de lanzar sus flechas sin importarle el momento, la circunstancia, el tiempo, la distancia. Se revolcará lo establecido para darle paso a la imperiosa necesidad de buscar a quien comenzamos primero a ver diferente, quien por "pura casualidad" estaba allí, cuando decidimos abrir la puerta y tomar la vida, luego y de apoco, como un cosquilleo insignificante subirá por la piel, penetrando los sentidos, hurgando entre los rincones más oscuros para llenarlos de luz.
De repente un día… de esos que tropezamos al doblar de una esquina, su figura se enaltece, se eleva, abarcando nuestro horizonte y ya no será aquella de tantos que cada día topamos en nuestro vivir y nos inventaremos las más fabulosas ilusiones, las historias contenidas en nuestras mentes. Pintando de violeta las fantasías, derramando los sueños en esa inmensa luna azul que mantenemos por siempre en nuestro oscuro cielo. Pero al decidir conquistar también seremos conquistados, cediendo espacio, terrenos, opciones; para compartirlas con esa persona que de forma inesperada corre por nuestras venas inundando la imaginación, germinando así la sonrisa que una vez perdimos.
Si al Amor le viéramos como es, delicado, tierno, falta de cuidos, necesitado de constancia, jamás pereciéramos en la cotidianidad. Si al Amor le tuviéramos como es, indeciso, taciturno, caprichoso, colérico, amable, enérgico… nuestra felicidad no fueran tan sólo unos años de armonía y satisfacción sexual. Fuera el Amor, el roce de manos una mañana, un guiño desde el auto a despedirnos, un te quiero lanzado desde la oficina y un No pude más y vine a verte…
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Publicado el 6 de Enero, 2007, 21:50.
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Enero 6 del 2007
En todos estos días de festividad, de aparente relax navideño, de haber dejado mi labor y meterme -en mis momentos libres- en mi escritura; hube de hurgar en la internet sobre el asunto que esta vez me interesaba y que desde hace ya más de un año iba postergando para mi libro Reajuste de expectativas, la re-encarnación, el karma y todo eso que de alguna forma me fascina por lo que podemos jugar con ella, inventar decisiones, hechos y demás cosas de la vida con la que podemos fantasear.
Metiendo las narices por aquí, chismeando por allá y abriendo alguna que otra página dedicada a este menester, me vi de repente ante la posibilidad de "conocer" acerca de mi última vida sobre esta Tierra.
¡Vaya pretensión!
Lo digo porque seguramente habrá muchos por ahí que no podrán absorber que talvez fueron mujeres en vidas pasadas, ya que hoy son puros machotes que se hartan de su virilidad; o alguna chica sensual, de exuberante y voluptuoso cuerpo de escultura misena que se cree el mismísimo centro de toda atención y que haya sido un hombre en su última vida.
Como todo mortal, el bichito de la curiosidad me picó, así que continué leyendo aquella página y cuando hallé que podía saber quién fui tan sólo dando mi nombre completo, mi fecha de nacimiento, hora y lugar, comencé a rellenar aquellas casillas virtuales. Luego de unos cortos segundos, se volvió a abrir la página y ¡Ouala!, en ella decía textualmente:
Has vivido hasta el día de hoy 2767 semanas, 6 días, 33 horas y 22 minutos en esta vida.
Sobre tu vida anterior:
No sé cómo te sientas al respecto, pero parece que tú fuiste mujer en tu última encarnación. Tu signo zodiacal en esa vida era Escorpión.
Muy probablemente pasaste los últimos momentos de tu vida en algún lugar cerca de la parte Sur de Europa o Asia Menor, aproximadamente en el año 1545. El nombre por el que se te conoció en esa vida pudo haber sido algo como Martie o Thomasine. Es posible que tu ocupación en esa vida fuera algo relacionado con curtidor de cuero, sastre.
Carácter despiadado, sopesando cuidadosamente sus decisiones en situaciones críticas, con excelente autocontrol y férrea voluntad. Por lo general fuiste apreciado, pero no siempre amado. Tu lección: conquistar el recelo y la furia en ti mismo y entonces, en aquellos que te escogerán como su guía. Deberías entender que estas debilidades son causadas por miedos y arrepentimientos.
Aquello me pareció fascinante, no me produjo ninguna conmoción el haber conocido que fui girl en mi anterior vida, diciéndome para mí solito: Bueno, esto de disfrutar ambos bandos y que no te coloquen ningún cartelito es bueno, así que decidí continuar mi búsqueda, pero ¡Sorpresa! una nueva página volvía a decirme algo parecido, y como medio de comprobación volví a rellenar las casillas virtuales de esta página esotérica.
Has vivido hasta el día de hoy 2767 semanas, 6 días, 33 horas y 18 minutos en esta vida.
… Bueno, me dije, esta mínima diferencia de algunos pocos minutos no es como para pegar el grito en el cielo, pudo ser también la diferencia entre cada página, por lo que continué leyendo sobre mi vida anterior:
No sé cómo te sientas al respecto, pero parece que fuiste hombre en tu última encarnación. Tu signo zodiacal en esa vida era Escorpión. Muy probablemente pasaste los últimos momentos de tu vida en algún lugar cerca de África del Sur, aproximadamente en el año 1649.
El nombre por el que se te conoció en esa vida pudo haber sido algo como Bakari o Vual. Es posible que tu ocupación en esa vida fuera algo relacionado con escritor, dramaturgo. Tipo revolucionario. Inspiraste cambios en alguna esfera política, de negocios, religiosa, etc. Probablemente un líder. Siempre te pareció que tus percepciones del mundo eran de alguna manera diferentes. Tu lección: confiar en tu intuición como tu mejor guía en la vida presente.
¡Joder!... ¿será posible poder vivir dos vidas últimas? o todo ha sido un catastrófico error de calculo, pues en una me decía haber vivido al sur de Europa o Asia Menor, o sea o bien fui una chica europea o una hermosa mujer del Asia Menor… quizás alguna princesa, pero no, porque según esta página fui curtidora de pieles o sastre, así que todo eso de azul princesa con joyas por doquier y un bello y esbelto príncipe se esfumó, entendiendo el por qué de haber tenido un carácter despiadado ¡la envidia, señores… la envidia!
En la siguiente incursión me informa que nací o viví en África del Sur, que fui un hombre y que muy posiblemente fuera un escritor, dramaturgo, que estuviera relacionado con la política o algo así, y por el nombre seguramente fui un hombre negro… ¡¿dramaturgo, escritor, un negro por aquella época?!
Lo otro fue la fecha… por fin cuándo la viví, en 1545 o en 1649, son 104 años de diferencia, otra vida y si viví ambas, ¿qué hice en ese in bettween? Así que buscando una tercera opinión, como si se tratara de una enfermedad, me fui a otra página.
Esta nueva me informa:
No sé quien eres ahora, aunque lo presiento, pero eras mujer en tu última encarnación terrenal. Naciste en algún lugar cerca del territorio que ahora se conoce como Holanda aproximadamente en el año de 1400. Tu profesión pudo ser joyero, fabricante de relojes.
Breve descripción de mi vida anterior:
Inquisitivo, inquieto, inventivo, siempre llegabas al fondo de las cosas. Tenías talento para el drama; naciste actor.
Cuando terminé de leer -con asombro- esta tercera opinión… ¿Qué creen que hice? Pues continuar con mi narrativa sacando de mi cabezota toda idea y olvidándome de todo lo que andan diciendo por ahí, toda esa gente que dice ser experta en re-encarnación, que para eso todos los "diagnósticos" concuerdan en una cosa: ¡soy creativo!
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Publicado el 24 de Diciembre, 2006, 17:39.
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Una vez en el tiempo perdí la ilusión de la Navidad, quizás junto a las llamas de aquel arbolito sintético que comenzaron a invadir las tiendas por departamentos cuando yo era aún muy chico y nada comprendía de la Navidad. Regalos, sonrisas y fotos, era todo cuanto de ella conocía.
Aquel nacimiento que colocaban bajo el mismo y las motas de algodón imitando esa nieve que jamás cayó, las cartas repletas de pedidos hechas a los Reyes Magos y toda la ilusión que un niño podía albergar en ella fueron forjando sentimientos que llegaban junto a las manzanas, turrones y dulces que solamente en esa época podía comer… caminar las calles bajo el frío del Caribe de la mano de mi madre, viendo a quienes vendían las manzanas acarameladas y el maní tostado en sustitución de las castañas, mientras ella se aturdía buscando los regalos bajo la constancia de los gingles que llegaron a atiborrar mis niveles de aceptación hasta los días de hoy.
Existía un feeling que arropaba a cada persona y todas esperaban la cena del 24 de diciembre, el vino, la sidra, los turrones… y mi familia. Mi madre y su perenne sonrisa de labios perfectos y mirada dulce; mi padre, alto como jamás creí hubiera nadie, con sus cigarrillos H Upmman, o aquellos puros Partagás que dejaban su peculiar olor agradable a mi nariz, soñando que los probaría cuando fuera grande, porque deseaba ser como él; mi hermana y sus locuras de niña malcriada corriendo de un lado a otro, exigiendo su lugar preponderante.
Cajas, satinados papeles de multitud de colores, bolas de cristal, luces que pestañeaban entre las ramitas plásticas del arbolito navideño… ¡Un año más! escuchaba de labios de mis familiares, de amigos de la casa y absorbía todo el Christmas Spirit.
¡Es Navidad! y la alegría estaba en cada rincón de la casa, se apreciaba en los árboles del parque, en las calles y como era hermoso, me era perfecto y así quedó guardado entre cada espacio de mis memorias de niño. Creciendo con el sueño de atrapar alguna vez ese sentir que me dejó el sabor que nos dejan las cosas que se esfuman con rapidez.
En una navidad vi a mi madre caminar ruada hasta el balcón, asomar su rostro por encima de aquella baranda de pasamanos metálico, y una vez más su cara redonda y ojos expresivos se iluminaron, destellando luces de alegrías y corrí yo también… Había un auto nuevo justo a la entrada de la casa, allí, bajo los árboles de flamboyán y rosas… a la entrada de la casa. Era verde metálico, con aquellos cristales calobares que surgían entre la última moda, y sus ruedas de bandas blancas que hacían del auto toda una obra de arte de la industria automovilística norteamericana. Aquel Chevy´57 verde metálico que por años nos acompañó y que mi padre se auto-regaló por Navidad.
Esa Navidad que iluminó esperanzas, colocó una foto familiar en aquel cuadro sobre la televisión y dejó el mejor de los recuerdos.
Una vez despertamos y la Navidad ya no vendría, se había extraviado entre el odio de la gente y la envidia de quienes comenzarían a dirigir la vida. Volaron los recuerdos, y las añoranzas perdidas en el camino de vuelta jamás hallaron la senda que culminaba en mis ilusiones y como lo que poco saboreamos, quedaron grabadas en mis mejores rincones de mi recurrente cajita azul de los recuerdos. Y el tiempo pasó y de repente era otro lugar donde la navidad era diferente; había nueces, avellanas, aquellos añorados turrones y el indispensable vino, pero no estaban mis padres. Lejos quedaron en el pasado, entre esos días que mantendrían el color malva de los recuerdos mejores, entre chisporrotazos de alegrías y correr de lágrimas que traían aquellos instantes de tiempos mejores, donde el brillo de los ojos de mi madre, el humo del tabaco de mi padre y el correr de mi hermana, era todo lo que a los Reyes le pedía ese año que pronto llegaría a aquella foto atrapada en el marco que estuvo sobre el televisor y que mi madre colocó en mi maleta de futuro al partir.
Cuando les vi, era otra Navidad, muy lejos de aquellas otras y el arbolito amarillo ya no existía y las pocas bolas de cristal gastadas estaban por el tiempo. Quedaba el brillo de los ojos de mi madre al verme otra vez y el humo de los puros de mi padre ya no eran Partagás, ni mi loca y malcriada hermana era tan chica como cuando -sin saberlo- nos despedimos, y como algo lejano estaba ella entre los cuadros de las fotos conservadas como memoria. Pero ahora era nuevamente Navidad y la alegría debería estar entre todos, sin el arbolito, los turrones o el vino… ¡qué importaba!, si era a ellos lo que había pedido por Navidad.
Otras navidades llegaron, cada una sin algo más que la vez anterior, perdiéndose el espíritu que envolvía las notas de los villancicos, desaparecido aquel feeling que una vez existió por todas partes, a veces esperando el nuevo año dormido, sin la algarabía de las matracas, pitos y serpentinas… sin las 12 uvas, ni los besos de los amigos y familiares, pero todos juntos, desarrollándose en mí aquella añoranza que dibujarían las navidades perdidas, hasta que una nueva arribó sin mi presencia entre ellos. Una vez más lejos estarían, vertiendo por ellos ahora una copa de mi mejor trago, justo a las 12 de la noche, cuando el tiempo se detiene entre el ayer y el mañana, sin que un minuto nos diga si es el viejo o el nuevo año, y entre los chasquidos del hielo y las gotas del licor al romper contra el mosaico del suelo, pedía por ellos –además- otra navidad todos juntos.
Entre los regalos comprados en alguna de esas distantes navidades, estaba una copia de colección de aquel Chevy´57 que una vez disfruté dejando escapar las imágenes que corrían tras sus cristales, cuando me apoyaba en mis rodillas para verlas pasar. Era mi mejor regalo a mi padre, pero la imposición de la férrea distancia impidió una y otra y otra vez hacérselo llegar y quedaba en espera constante de poder enviárselo, que supiera que junto a aquella cajita roja recolectaba mis memorias junto a él y todos mis mejores sentimientos…
Navidades vinieron unas tras otras, acumulando años y deseos, imponiendo distancia. Perdido alguna que otra vez entre el alcohol y la mirada de una mujer, pero deseando siempre aquellas de color nostalgia, de ambiente distante, donde siempre estuvieron los brillantes ojos de mi madre y las locuras de mi hermana junto al humo lánguido de los puros de mi padre, y entre todos los recuerdos que llegaban al sonar las campanadas del Adiós a cada año que partía, otra vez más al suelo caía un trago ofrecido a ellos, intentando, como las viejas costumbres de mi abuela, abrirles el camino a mi encuentro.
Se fue perdiendo entre la nostalgia aquel halo de fantasía que coloreaba mis navidades, la espera de su llegada y las alegrías de mi familia… ¡Todo tan lejos! que otra vida requeriría para encontrarlas, porque ya se fue mi madre, dejándome sin su perenne alegría y sus ojos repletos de esperanza, tampoco está mi padre y sus cigarrillos lanzados a una esquina del balcón y su traguito de ron. La vida se los llevó sin poder contemplarles… sin decirles Adiós, dejándome a mí lejos de sus despedidas, con aquel juguete envuelto aún para su primera Navidad junto a mí.
… Es Navidad y el árbol que hoy construyo junto a mis hijos, será mañana -tal vez- los recuerdos prolongados que mantengo en mi ser, enredado entre cada adorno un sentimiento, entre cada bola un recuerdo, y de las canciones que voy escuchando saltan las lágrimas por sus ausencias, deseando tener como regalo una suave caricia de mi madre y aquellas miradas de mi padre cuando me decía bajito ¡Anda, que eres un hombre!
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Publicado el 4 de Mayo, 2006, 12:14.
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Tiempo ha pasado desde que comenzamos a pensar en quiénes somos en realidad, qué existió antes o qué habrá después. Incógnitas que llevamos intentándole dar respuestas desde que dejamos atrás el andar en cuatro patas… si alguna vez anduvimos de esa manera.
Han surgido infinidad de cuestionamientos, raciocinios a los que le buscamos las respuestas aún por descubrir, ocultando nuestra ignorancia tras ideas místicas que dibujamos en paredes, papeles y luego expuestas en galerías, desde que alguno de nosotros con trazos muy perfectos dejaron para siempre aquellos dibujos sobre las rocas de las cavernas. Luego miramos al cielo, cuando la solución nos era incomprensible, y a partir de ese instante hemos venido respondiéndonos -de esa manera- todas las preguntas que no le hemos hallado una respuesta lógica; surgiendo de todo ello la Fe. Inagotable hacedor de convicciones, la piedra filosofal que buscamos desde tiempos remotos, pero que jamás ha tenido una figura geométrica o se ha podido palpar. Ella no corre entre nuestros dedos como un líquido milagroso que se nos escapa, ni anda flotando en el espacio en espera de que lo usemos en mezclas explosivas, porque jamás ha sido tangible.
Creemos simplemente en todo lo que existe a nuestro alrededor, en aquello que nuestra prolífera mente nos recrea, creemos también en una fuerza sobrenatural, capaz de salvarnos de todas nuestras miserias, aunque jamás evidencias hemos tenido de ella.
Descendemos de organismos que evolucionaron hace millones de años, obteniendo con ello la supremacía sobre esta gran casa, llamada por nosotros, Tierra. Puede que hayamos devenido de un gran juego biológico, de alguien que intentando obtener una compañía edificó una estructura carbónica, con grandes porcentajes de agua. Unió aminoácidos, ácidos, proteínas y cuanto halló a su alrededor, luego lo puso sobre este planeta y con una descarga de electricidad de la más formidable batería, sopló vida y lo echó a andar, y al partir para llevar su informe, perdió las coordenadas y por tanto no pudo retornar a su gran laboratorio, o quizás anduvo por ahí como otro más y nunca nos percatamos de sus presencia.
El Universo con sus incógnitas y misterios, sus ventanas al tiempo o al más allá, sus grandes e incalculables distancias y las difusas dimensiones, nos hace parecer pequeñas bacterias que destruimos nuestro propio hábitat. Muy bien que todo esto nos puede llevar a pensar que descendemos de seres que muy bien pudieron recrearnos, de “dioses” que intentaron edificar un mundo mejor, experimentando con nosotros, analizándonos muy de vez en vez para ver cuánto hemos evolucionado.
Hay preguntas que nos hemos venido haciendo… ¿la muerte, qué es? ¿A dónde vamos después?… ¿Por qué de tener alma? ¿Somos en realidad lo que somos?… ¿Estamos aquí realmente? ¿Existe ese Dios que nos edificó? ¿Nos hizo en realidad a su imagen y semejanza?… Entonces, ¿por qué no todos tenemos las mismas características? ¿Será que nuestra alma es su real imagen?
Nadie ha logrado dichas soluciones, al menos por el momento, fortaleciéndose eso sí, las mil y tres ideas de misticismas soluciones, inventándonos ídolos y figuras, fábulas que con el tiempo se han convertido en historias creíbles, porque las requerimos. Porque sin ellas nada se hubiera construido. En cada paso, cada proyecto e idea, existe una resolución ancestral: Buscándonos a nosotros mismos, y partiendo de ella, hemos avanzado los miles de años en constante y ascendente espiral evolutiva con la resolución de obtener dicha respuesta, sin meditar qué ha de ocurrir cuando obtengamos esas tan deseadas respuestas… ¿Habrá de continuar la fe como único pilar de nuestra existencia? ¿Desecharemos los pedidos de clemencia a nuestro Ser Superior?… y cuándo cometamos nuestros errores ¿Quién nos perdonará?
Tal vez sucumbiremos en un mar de frustraciones y miedos, ahogados por tantos años de verdadero oscurantismo u ocultismos, de quienes han manejado las informaciones y los asombrosos resultados. Puede también que comencemos a andar con los verdaderos pasos hacia la total y plena emancipación de nuestras mentes, y para entonces, naveguemos por nuestro Universo en pos de aquellos que una vez comenzaron la gran tarea de llevar la evolución a cada rincón del Universo, y la muerte deje de existir porque simplemente estemos transitando por diferentes estados energéticos, conjugándonos hoy entre moléculas de carbonos y aminoácidos, proteínas, ácidos desoxirribonucleicos y agua en grandes cantidades; mañana, siendo no más que una etérea y traslúcida forma con un gran contenido de energía, para trasformarnos infinidad de veces en seres de distintas clasificaciones y aspectos externos, para lograr percibir todas esas emociones y sensaciones que una vez perdiéramos al hallar la forma ideal de nuestro andar por el propio tiempo, involucrándonos en la vida de entes a quienes le dictamos lo que deben hacer o realizar, sin que ellos mismos logren saberlo en su fugaz y maravillosa existencia, donde el Amor es su segundo pilar. Logrando con ello un desarrollo jamás alcanzado y el paraíso añorado y descrito por las Santas Escrituras, no sea más que este magnífico y grandioso planeta, con el que viajamos por el espacio sideral.
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Publicado el 21 de Noviembre, 2005, 21:43.
en Reajuste de Espectativas.
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Derechos Reservados del Autor®
Si pudiéramos encontrar la fuente del todo, quizás la halláramos entre los hábitos y las costumbres de aquellos que fueron haciendo la historia -nuestra historia- quienes dejaron un legado entre los espacios de cada minuto, hilvanado hasta formar lo que hoy podemos llamar la Epopeya Humana. Concordando de esta manera el derrotero trazado mediante la sucesión de generaciones tras generaciones. Donde la interrogante de los acontecimientos han permanecido estáticos, entre la perplejidad y la insuficiencia de acepciones que nos liberen de la incertidumbre de las preguntas que nos hemos venido haciendo desde el mismo comienzo de los tiempos…
¿Qué somos?... ¿Desde cuándo estamos?... ¿Qué hay después?
El derrotero de nuestra presencia, se ha trazado por cada hecho que aconteció en la ancha línea de la vida, tanto por lo que ha perdurado como por aquello que se deshizo sin dejar rastro aparente, perdido tal vez en nuestros subconscientes, depositándose uno tras otro, conformando de alguna manera lo que hoy somos… Pero realmente ¿Qué somos? La creación de un ente semejante a una divinidad que no hemos visto, que aún nos queda por descubrir.
Cuando apenas éramos una especie más, entre las que poblaron esta inmensa nave que va dando vueltas sobre sí misma, arrastrándonos en ella, recorriendo el tiempo y el espacio en pos del futuro, de donde esperamos obtener esas respuestas que aún no poseemos. Nave que llamamos Tierra, en la cual desde que dejamos de ser animales supimos que seríamos dueños absolutos de ella. Introduciéndonos en campos que nos han ido llenando de cuestionamientos, con los cuales cada vez más vamos ampliando nuestras fronteras, mas también descubrimos que poco sabemos de nuestro entorno, de la chispa que nos dio la vida, del espacio circundante, del universo, de lo que en realidad somos.
Por ello cuando no hemos tenido las respuestas adecuadas, hemos inventado una excusa para suplir esos vacíos, perdiéndonos en los miedos que nos pudieran trae o simplemente destruirlo porque no lo llegamos a comprender.
Acaso, somos solamente un cuerpo perceptible para que energías superiores puedan sentir o vivir aquello que en su estado original no pueden percibir y por tal causa comienzan a transgredir los tiempos todos, hasta superar los errores que fueron cometiendo en cada etapa de lo que se ha denominado vida… las inexactitudes o falencias que cometieron. Convirtiéndonos por ello en simples vehículos sensoriales, como pudiéramos creer que es nuestro cuerpo contra lo que en verdad somos, cerebro.
Somos una entidad energética que requiere de un medio corporal por un espacio limitado de tiempo, en el cual aprendemos -o aprenden- y enseñamos destrezas y comportamientos, como exámenes que nos califican para un grado superior; abandonándolo cuando ya nada más podemos aprender, cuando ya nada más vamos a aportar.
Una interacción multidimencional y multitudinaria, donde vemos en los demás el reflejo de lo que somos verdaderamente, dando y recibiendo constantemente. Una simbiosis de energías constantes con la que vamos construyendo historias, dejando huellas que conforman los hábitos y las costumbres, como signos para los que vendrán después. Nosotros mismos envestidos en otra estructura orgánica. Hemos venido andando desde tiempos inmemoriales, creyéndonos que somos algo cuando en realidad nada en verdad somos, o que realmente seremos algo que no comprendemos qué es… ¿Qué somos?
Hoy una nueva era se va abriendo ante nuestros pasos, desvencijando ideas y conceptos que nos acompañaron durante milenios, algunas creadas por nosotros mismos, otras venidas de lugares que no comprendemos todavía, pero que comienzan a desvanecer velos. Internándonos en campos que nos van hablando de cosas muy superiores que no llegamos a discernir, pero que de alguna manera creemos que existe o que pueda existir. Hemos venido consumiendo tiempos buscando nuestro lugar, deshaciéndonos en actitudes y preponderancias que nos han llevado a arrastrar con acciones realizadas, acumulándolas porque no las hemos concluido, algunas de ellas hasta nos han destruido. Otras nos han llevado a creernos los Dioses Terrícolas, avasallando, esclavizando a quienes hemos considerado ilusamente inferiores.
Algo que venimos guardando en nuestras mentes, traslúcidos, escondidos en algún recóndito lugar del subconsciente "humano", sin que sepamos realmente que está ahí, ocupando espacios como programas de computadoras que en algún instante apretando el botón requerido saltará. Memorias que determinan lo que estamos haciendo o nos impide avanzar, obligándonos a quebrantar tiempos en acciones repetitivas, acarreándolas por siempre hasta que logremos superarlas.
Si nos adentramos en los conceptos y ventanas de esta nueva era, sin estar realmente preparados para ello, nos confundiremos entre tantas hipótesis que nos han de conducir a niveles que no hemos aceptado del todo. Donde muy bien que pudiéramos encontrar los vacíos que todas nuestras religiones no nos han llenado tampoco.
Cuando comenzamos a estudiar la Biblia, encontramos aspectos de nuestro legado que con la cotidianidad de la vida ha sido decolorado, donde la palabra de Dios la podemos interpretar como seamos capaces de hacerlo, como realmente somos en definitiva. Mas ella de alguna manera va componiéndose a lo nuevo que surge, venido todo por las investigaciones que hemos realizado en el campo científico, pero también en el llamado esotérico; descubriéndonos aquellos aspectos que muy bien pudieron estar junto a nosotros desde los mismos comienzos del tiempo o de la historia, pero no entendimos y la mistificamos convirtiéndola en credo, logrando proseguir nuestro andar, sin tener que reconocer que nada sabemos. Comenzando a ser esa divina palabra interpretada de otra manera… quizás la verdadera, iniciando la salida del oscurantismo que nos ha envuelto desde mucho tiempo atrás.
Ahora bien, si llegamos a aceptar como verídico que somos algo más que un cuerpo evolucionado -cosa que creo fervientemente-, que venimos cumpliendo compromisos asumidos previamente, para lograr mediante esto que hemos decidido llamarlo vida… entonces ¿Dónde queda el libre albedrío? Realmente para quién es el concebido y manido concepto… ¿Para el alma, el espíritu o para el cuerpo? Nuevamente nos tendríamos que cuestionar ¿Qué somos verdaderamente?
Si fuéramos solamente cuerpo, humano o animal superior que fue evolucionando hasta llegar a ser lo que suponemos que somos ¿Traspasaríamos el tiempo? o al morir nos desintegraremos como simples moléculas, desafirmando la ley de que la materia ni se crea ni se destruye… sólo se transforma. Ahora bien, si es cierto que trasgredimos nos debemos preguntar ¿En qué?
Tal vez pasaremos a ser parte del medio ambiente, convertidos en fosfatos, carbón, oxígeno o sabrá Dios qué otra cosa, pero si nada de ello es realmente lo que parece ser… ¿Qué hay después de todo esto? Si tomáramos como ley esto último, entonces sería un verdadero desperdicio por desaparecer totalmente como entes al morir. Deshaciéndose en nada lo que acumulamos, perdido el legado adquirido al pasar por nuestra vida. Quizás nuestra herencia por tener que desaparecer sean precisamente los hábitos y las costumbres de aquellos que una vez fuimos -generaciones tras generaciones-, desde que dejamos de ser complejos animales, comenzando a agruparnos en comunidades para protegernos mutuamente, fomentando con el tiempo y todas esas vidas, primeramente un núcleo familiar. Luego un grupo racial o etnia, creando comunidades hasta lograr ser nacionalidades, para al final llegar a ser lo que hoy somos.
Retomando nuevamente y para concluir, lo de las nuevas tendencias -new ages-, elegiremos convivir por siempre con el mismo grupo de entes, asumiendo roles diferentes cada vez. Siendo hoy el hijo y mañana el padre, el tío, la novia o el amigo fraterno… buscando por siempre el amor. Como un artista realiza en Hollywood. Entonces y antes de perderme en todo esto, en mis propias ideas y conjeturas de lo qué podemos ser realmente, le lanzo una nueva pregunta al lector… ¿Será tal vez virtual todo cuanto vivimos? ¿Somos tan sólo el sueño de alguien? Siendo nomás que convergencias de energías, procedentes de entidades superiores, que han creado lo que creemos poseer desde la infinidad del Universo hasta la bacteria más insignificante, para creer llevar a cabo lo que se va realizando, pero… ¿Cuando ese alguien despierte, qué pasará?
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