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Publicado el 12 de Abril, 2006, 16:12.
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Dicen que surgimos unos diez millones de años después de desaparecer los Dinos por aquella catastrófica y espectacular caída de un meteorito, lo suficientemente grande como para evaporar grandes cantidades de oxigeno, crear una inmensa honda expansiva, un hongo que seguramente los dinosaurios ni tendrían oportunidad de disfrutarla en toda su magnitud, así que llevamos en esta Tierra algunos años, sin que nadie se haya puesto totalmente de acuerdo en cuánto tiempo verdaderamente estamos andando de un lado a otro.
Acorde a las investigaciones se ha llegado a la conclusión de que fuimos monos, o algo parecido, que anduvimos previamente en cuatro patas y que precisamente el hecho de erguirnos fue lo que dio un cambio trascendental a nuestra historia. Pero y si todo esto es verdad ¿Dónde queda Dios y el cuento de los siete días? ¿Dónde queda también Adán y Eva, junto al famosísimo y perdido Paraíso?
Cuando nos percatamos de que existían animalitos domesticables, no solamente los comibles, sino esos que tenemos entre nosotros para divertirnos un rato y dejarlos luego por ahí a que hagan y deshagan, los trajimos a nuestro habitad, les bautizamos con nombrecitos que si pudieran hablar, más de uno nos mandarían a la mierda. Los bañamos, perfumamos y hasta vestimos si hay frío o alguna celebración humana, sin importarnos cuanto puedan estar en contra, disgustados o cagándose en nuestras madres, total, no hablan, ni piensan… sólo nos miran fijamente y eso, a nadie le molesta ni hiere. Esos animalitos a los que dulcemente hemos llamado Mascotas, la que según el diccionario dice.
Mascota s.f. (del fr. mascotte) 1.Animal de compañía.
2. Persona, animal o cosa a los cuales se atribuyen virtudes para alejar desdichas o atraer la buena suerte 3. Méx. Tela de vestidos cuyos dibujos forman cuadros negros y blancos. Y cuyos sinónimos son: Fetiche, talismán, amuleto, guayaca (Amér.) ídolo, tótem.
Realmente no logro imaginarme tener una persona todo el día pegada a mí, andar con un chivo el santo día o un pedazo de roca para arriba y para abajo porque me traerá good luck, así que desechando esta segunda definición y menos la tercera, la del pedazo de tela a cuadros negro y blancos que nada tiene que ver con el cuento, nos queda pues la primera definición: Animal de compañía.
Estos animalitos los sustrajimos de su ambiente, les cambiamos sus hábitos y hasta les hemos obligado a crearse nuevas formas de vidas, obligándoles a veces a vivir en el olvido, cuando los criamos toda la vida en un ambiente hogareño, dejándoles tirados luego en algún lugar y marcharnos sin mirar atrás… sin preguntarnos porqué le hacemos eso, si él solamente era nuestro animalito de compañía, La Mascota, esa que nos divertía cuando la tristeza nos arropaba y el fin de año nos llegaba sobre una cama tirado, teniendo por compañía el olvido. Así le pagamos a muchos, cuando nuevamente a nuestras vidas llegan las horas de risa y amor. Les tenemos la vida a veces hecha un yogourt, con tanto jaleo de un lado a otro, llamándoles o echándoles, susurrándole o gritándoles, acorde a nuestro estado de ánimo, si estamos solos o acompañados, si somos jóvenes o viejos.
Cuando nos agrupamos como especie para protegernos, sin percatarnos, comenzábamos la carrera hacia la conquista del mundo donde vivíamos, quitándole espacio a esos animalitos o animalotes con quienes compartíamos el mundo. Eliminando algunos, otros los hemos domesticados, de quienes nos alimentamos, haciendo de ellos toda una rama industrial.
El cambio radical en nuestro comportamiento surgiría con los tropiezos, con las necesidades y los sustos que nos daríamos cuando topábamos con algún peligro, cuando luchábamos con el vecino para arrebatarle la hembra, cuando vimos en peligro nuestra propia existencia. Entonces fue cuando el cerebro comenzó a funcionar, a cambiar la estructura del cuerpo, a moldearnos al ambiente que nos rodeaba, por ello hoy día hay chinos, occidentales, negros, amarillos y rosados… porque eso de blancos en verdad que aún está por discutir. De usar las manos como utensilio primario pasamos a la piedra, al palo, combinando ambas cosas hicimos las herramientas que nos ayudaron a civilizarnos, a conquistar minerales y de ahí el paso al desarrollo.
Junto a nuestro desarrollo nos acompañaban estas mascotas que años tras años nos veían como nuestro comportamiento cambiaba. Hoy dormíamos sobre la tierra, mañana usamos una piel, luego la paja y por último el colchón, mientras ellas continuaban durmiendo a nuestro lado, en el suelo frío de la tierra, del barro, del mosaico y el mármol, hasta que comenzamos a fabricarles sus camitas de poliespuma forradas con telas impermeables, lavables, de multitud de colores y diseños. Le cambiamos sus hábitos alimentarios, más bien por conveniencia nuestra que por necesidades de ellos. Nos apoyamos y justificamos en crearles diciendo que es una mejor forma de vida, pero en verdad todo ha sido para que no anden cagando por doquier, con una peste que nos hace hasta vomitar. Inventamos cuanto producto fuera necesario para eliminarle los bichitos que una vez también nos afligían, sprays, colonias que no les afecten sus olfatos, medicamentos, vitaminas y hasta ciertos productos cosméticos… ¡como si fueran humanos!
Todo esto, según algunos conocedores de las teorías de las evoluciones, muy seguramente está acelerando el proceso evolutivo en estos animalitos domésticos, la constante presencia nuestra en sus vidas, nuestras costumbres y hábitos, nuestra peculiar forma humana de comunicarnos mediante el habla les está siendo dar un salto acelerado en su perfeccionamiento. Sin descartar todo el desarrollo tecnológico que estamos teniendo en los últimos años, nuevos equipos electrodomésticos, autos de mayor calidad, ropa de apreciable contextura, perfumes, higiene y demás que nos alejan cada vez más de nuestros orígenes cavernícolas y ellos junto a nosotros. Colocándoles un lacito entre sus mullidos pelitos, el cascabel, la vasija para sus alimentos, su ropita de invierno para el frío, malcriándoles entre nuestros brazos, acostumbrándoles a dormir en nuestras camas, a estar junto a nosotros cuando typiamos en las Pc… y a ver la televisión de plasma.
Dicen los expertos que alrededor de unos 50 años, estas mascotas, derivadas de toda una descendencia mascotil, darán un salto, que algunas hasta podrán formular sus primeras palabras, con las que lograrían una mejor comunicación con nosotros, seguramente otras cosas más lograrán desarrollar, pero… ¿Qué sucederá a partir de ese momento? ¿Sus futuras generaciones desarrollaran más?
Suponiendo que continuaran como mascotas a nuestro lado, impondrán sus condiciones al expresarnos claramente lo que desean o no, lo que les gusta o no… hasta cuando quieran que no les molestemos, que las dejemos solas en su pensar mascotero -si fuera esta la palabra… no lo sé-, y si alguna se va de lengua, nos delatará ante nuestras parejas por algo que ella vio que hicimos y que hoy no saben cómo decirlo, o en el peor de los casos, nos chantajearán para que le demos lo que desean, so pena de caer en desgracia con la media naranja, y sus sonrisitas burlonas veremos constantemente por toda la casa. Puede y hasta nos digan que quieren chatear con la vecina mascota.
A veces el ingenio humano simplemente se adelanta a la realidad, lo que va a suceder algún día, en otras ocasiones, como dice el refrán: La realidad supera la ficción, y es cuando descubrimos que todo lo que pudimos pensar está por suceder, por eso va y no estará lejos el día que como la canción de un compositor cubano suceda lo siguiente:
Tenga alguien una vieja Burra y hasta sin dientes, experta en ortografía que marchó al dentista a ponerse una dentadura postiza, el vecino de la otra esquina posea un Gallo con espejuelos, de 90 años de edad, quien le exigió a su cuidador -fíjense que ya no digo Amo- le llevara al oftalmólogo porque le costaba trabajo leer el periódico. Y como hay quien posee los más asombrosos animalitos como mascotas, algún loco de por ahí tenga un Ciempiés con muletas que se fracturó una de las patitas en una acrobacia de circo. Para no quedarnos atrás en Miami exista un Ternero que es el mejor pelotero jugando 3ª base, o hasta un Loro profesor de la Universidad Central del Condado de Dade. Algún residente del Sur posea un Piojo tenor que canta en el teatro, acompañado de cuatro Cotorras del Ecuador.
En definitiva, no tenemos que adentrarnos en el futuro, si en el pasado reciente hubo una Perrita astronauta, o ya olvidaron el Sputnick Soviético que lanzó al espacio aquella mascota perruna nombrada Laika para no joder a un humano, los miles de Conejillos de India que sufren cada día los experimentos más horrendos para ayudar a la humanidad, los Chimpancés que entre jaulas -en los laboratorios- son objetos de toda la imaginación del hombre por llegar a ser mejores, por buscar los límites.
Lo que sí puedo afirmar que hoy por hoy, ya nuestras mascotas han evolucionado, algunas con sus fijas miradas, tan penetrantes que nos dejan clavados ante ellos, otras con sus jerigonzas incomprensibles nos avisan de sus deseos o necesidades… somos nosotros quienes en su mayoría ni puto caso hacemos, gritando luego cuando soltaron sus bolitas en algún rincón de la casa. Los hay que te informan con sus gestos y movimientos, llevándonos hasta donde quieren y hasta lo que quieren. Entre todos ellos, los gatos han invadido el reino mascotil, por su fácil manejo, mantenimiento y cuido, además que poseen una adaptabilidad al medio que ni los perros lograran conquistar. Pueden quedarse a solas, que saben muy bien cómo repartir la comida y el agua durante nuestra ausencia, van a defecar a su cajita repleta de arena y cuando la misma está a más no poder, ni a jodía entran a ella; te buscan, te maúllan, te miran fijamente y si fuera necesario hasta te llevan a ella para que descubras que ya no le cabe un palitroque más.
Quizás en 150 ó 200 años… tal vez menos, Tweete -Piolín, para los hispanos- ese canario amarillo que compramos en algún Pet-shop, cuando le hagamos monerías para que cante, nos diga en esos precisos momentos: ¡Compadre, no me vengas ahora con que cante, si tengo un sueño del carajo! o nuestro Pastor alemán -que posiblemente nos hable en español o inglés- aparezca en la habitación, con media lengua afuera y meneando su cola, cuando más relajados estemos luego de terminar de hacer el amor con nuestra pareja y nos diga, así de sopetón: ¡Oigan, dejen de hacer sexo con la puerta abierta y vayan a ver al niño que se ha hecho mierda! y tapándonos con urgencia nuestras partes púdicas le preguntemos ¿Cómo que mierda, se ha caído por la ventana? y él sonriendo de nuestra estupidez, responda ¡No, se ha cagado, vayan a cambiarle el pamper!... Todo será posible de darse los pronósticos evolutivos de nuestras actuales mascotas.
Posiblemente, para esos tiempos, en algún lugar del planeta, alguien tenga una orquesta de Hormigas con un Cangrejo timbalero, un Canario graduado universitario que canta en cualquier idioma, pero todo ha de ser hermoso y hasta chic, hasta que alguna de las conocidas hoy como mascotas le de por estudiar abogacía y a partir de ese instante comience la contienda por lo derechos inaleanables por su integridad, así que surgirán nuevas leyes contra el discrimen y el capado de sus órganos sexuales que los convierten en bellos peluches andariegos. Después de todo, debemos alegrarnos de vivir estos días, porque muy seguramente hemos de ser acusados de genocidio, de maltrato y abuso, seguramente acusados de desencadenar problemas sicológicos por la castración forzosa a la que les sometemos hoy.
Pero me gustaría ver… si fuera posible, escuchar a mi andariega Peluza, esa gatilla medio Persa, mitad saturnina, pedirnos su comida o preguntarnos ¿Qué estamos cocinando? porque cada día se trepa en el counter de la cocina a chismear lo que estamos haciendo o salta como saeta dentro de la nevera, solamente para descubrir lo que allí dentro hay. Meterse en el baño a ver caer el agua en la bañera y mirarnos con sus ojillos redondos y abiertos de par en par como quien pregunta ¿Eso qué es, que a mí no me hacen? ¡Ah! Olvidaba, la muy inteligente, tiene sus formas de llamar tanto a su madre como a su hermana, sonidos que ya logramos diferenciar… ¡y después no digan que no van en progreso!
En fin, que muy seguramente habrán mascotas de todo tipo y profesión. Un Mono carpintero que busca las puntillas saltando de palo en palo en las grandes superficies de bricolaje, algún Mapache convertido al budismo o un Lagarto escritor que cuente los años que estuvieron oprimidos, relegados hasta que alguien introdujo la moda de cuidar en casa los grandes lagartos de esas islas y parajes exóticos. Un Gato musulmán que estará vigilado por sus dueños, evitando un ataque terrorista en medio de una sección de sexo arrollador, clavándoles las uñas en las nalgas por verlas redondas, suaves y en movimiento, de cara al espacio.
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Publicado el 3 de Diciembre, 2005, 20:13.
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Ensimismado estaba en el diseño y construcción de un jardín interior algo diferente, cuando se me ocurrió indagar sobre la tendencia Feng-Shui muy de boga desde hace algún tiempo, así que comencé por ver qué era aquello; salí a una librería y entre los rackets y stands que muestran cada libro hallé la sección de Gardens, allí había cuanto inimaginable se pueda pensar, desde un folletín cursi hasta toda una disertación especializada de jardines, plantas, diseños… y el Feng-Shui.
Me perdía entre las mil y tres publicaciones, entre las ideas que tenía en mente, pensaba en un jardín interior que arropara mi nostálgico Caribe, por lo que hurgaba entre los libros de plantas y diseños tropicales, veía rocas y un amasijo de plantas reverberando el verde de mis islitas añoradas, con el zumbido de los colibríes y algún que otro sapito y su peculiar croar, luego pensé en una hermosa cascada, rocallas repletas de helechos y corriente de agua murmurando el frescor en cada rincón de la zona elegida de la casa… ¡Los gatos! Había olvidado los gatos y todo tuvo que ser rediseñado porque aquel hermoso mini-paraíso que me construiría bajo las escaleras, se convertiría en el toilet predilecto de mis mininos pendencieros. Así que una vez más comencé a buscar los libros requeridos, para formar físicamente mi genial idea.
Del exuberante jardín tropical, ceñido de plantas y olor a rainsforest donde veía las gotitas de agua suspendidas en el aire, pasé a un gran lago que impidiera el andar gatuno por entre las plantas, hallando donde depositar sus bolitas y esparcir como regadío sus agüitas.
Dejé que el tiempo madurara las ideas, mientras continuaba leyendo y averiguando todo sobre diseños de interiores… era algo imprescindible para mí crear un rincón diferente, que me ayudara a extasiar mi vista, así que leía revistas como Sunset, Jardines, etc. Compraba libros como Jardines Acuáticos, Un Jardín dentro de la Casa, Tropicals y… Feng-Shui fácil para tu casa junto a Feng Shui para Jardines. Todo esto, mientras las ideas se iban desinhibiendo entre mis neuronas, formándose tridimencionalmente mi espectacular rincón acuático al estilo Feng-Shui, piedras, lajas naturales, cascada que me diera el sonido ambiental deseado, un gong japonés como punto focal de la exquisitez más exquisita, y como allí la luz natural apenas daría, investigué dónde hallar plantas artificiales que parecieran tan naturales que desprendieran el olor característicos de los Phyllostachys o comunes bambúes, Mariseleas o trébol de agua, el famosísimo Equisetum o cola de caballo, ¿porqué no un Cyperus?, una especie rústica del papiro, pero como es de origen USA todos poseemos en casa para que nos de good luck, ya que las Made in Taiwán van pasando de moda. Y de las flotadoras pude ver las espectaculares Nymphea rosas y blancas que no son más que lotos comunes para todos nosotros.
En una primera instancia pensé en los coloridos y brillantes pececitos de larga vida que fueron introducidos en el mundo occidental hace más de dos siglos, conocidos como Koi, ¡caros como el carajo!… pero una vez más los gatos se interpusieron ante mi vista y el jardín, esta vez lamiéndose la boca o afilándose sus finos y puntiagudos colmillos, así que los famosísimos, caros y chic Kois quedaron en el olvido.
Como restos de los arreglos realizados a la casa, quedaban algunas lajas de piedras usadas para tapizar una de las paredes del sótano, lugar donde iría colocado, justamente bajo la escalera mi famosísimo jardín acuático, devenido, con los estudios y deseos, a jardín Feng-Shui.
Por aquellas casualidades en nuestras manos cayó un folletín Feng-Shui de una de las archifamosas de ese arte -por cierto la mayoría son de ojos rasgados- que venía como complemento en una promoción de una revista de casas, repleta de propagandas en vez de ideas y artículos que no fueran más allá de las mismas ideas repetidas desde que se inventó el diseño de interiores. Sentados a la mesa a la hora de comer, cuando entramos en la plática de sobremesa, tomé el folletín y como parte de la relaxing convertation comencé a hojearlo deteniendo mi vista en un acápite del mismo, donde decía textualmente como subtítulo: Tabúes del agua: en dónde no colocarla nunca, porque cuando es colocada incorrectamente se manifiestan diferentes tipos de mala suerte, porque quizás sobrevengan problemas serios entre el marido y la mujer, donde posiblemente se rompa el matrimonio e incluso salgan a luz escándalos sexuales… ¡Vaya forma de aterrorizar! pero allí no concluía todo, entre los tabúes estaba uno, el que más nos interesó a todos en aquella conversación de sobremesa: Accesorios acuáticos bajo la escalera: ¡Debes abstenerte de colocar cualquier accesorio acuático bajo una escalera! No se te ocurra instalar allí una fuente o un estanque, porque aunque pudiera parecer bello y oportuno, afectará adversamente a la suerte de la riqueza de tus hijos, y en el mejor de los casos provoque dificultad para encontrar un empleo cuando sean mayores… en el peor de los casos, determinará que se esfumen sus posibilidades de heredar, el patriarca morirá y los abandonará… ¡Wow! ¡Esto sí que me puso a pensar! Así que desde aquel mismo instante la idea del acuatic garden se fue diluyendo entre todas mis cosas, pero Dios, navegando entre las webs descubrí varias páginas de estos tópicos y uno de ellos me exponía claramente que: acorde al Feng-Shui, si una casa respeta los principios de esta disciplina milenaria, significará la felicidad y la suerte para quienes la habitan, la salud, la fortuna y el bienestar dependen de ello… para el Feng- Shui los peces traen prosperidad, por eso si se crea un estanque en el salón, bajo la escalera, con agua y movimiento, estimulará una corriente óptima del Chi y hará que el dinero fluya hacia dentro de la casa.
Lo esencialmente atrayente de este artículo está en que nos invita a comprar el mismo folleto de donde pude leer todo lo contrario. Ahora bien, todas estas valiosas ideas de la Armonía Zen vienen acompañadas de orientaciones a tener en nuestras casas lavabos de piedras Noken de un costo aproximado de 560 €, un mueble para biblioteca de unos 1398 €, mesas y sillas de Charles & Ray Eames, centros de Isamu Noguchi, sofás de Vinçon modelo aire de Diego Fortunato, mesas de Perobelli y para no escatimar, apliques de pared de Tolomeo de Artemide; porque en los lugares claves hay que dar protagonismo a piezas que sean esenciales para nosotros, como la mesa de cristal y acero de Nelson Varela… pero cuando comienzas a indagar sobre sus precios ¡Josú! agáchate, pues toda la fortuna que le dejarías a tus hijos como herencia se irá en ello y como pajarito caerás redondito al suelo de un ataque al corazón. Así que se cumplirán las profecías de la primera versión.
Luego de suspirar profundamente pensé en los años que podrá llevar el famosísimo arte del Feng-Shui y una vez más encaminé mis pasos por el santo de los milagros de nuestros días, Saint Googles, hallando en él algo sobre la historia de este arte tan contemporáneo de llevarte a comprar cosas, que ni te darán salud y menos prosperidad pero sí gastos descomunales y esto a su vez me pondría a meditar profundamente, ya que si es tan milenario, seguramente por aquellos tiempos del Taoísmo hace más de 7 mil años, no existían estos señores diseñadores que producen cosas que prácticamente nadie requiere, pero que son más chic que Chi… así que, enviando estos libros, revistas, especialistas y demás tonterías con que nos quieren engañar ¡a la puñeta! continué con mi diseño del jardín acuático como me ha dado la gana… en definitiva quien lo va a disfrutar es mi familia y yo, y a quién no le guste que no baje al sótano… ¡He dicho!
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Publicado el 21 de Noviembre, 2005, 20:26.
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Antes del microondas la vida era diferente, nadie corría a buscar nada, todos íbamos despacio porque tiempo había, no era cosa de estar con media vara de lengua afuera y los goterones de sudor corriendo por las sienes.
Había calma, se disfrutaba más de la conversación, de una charla ligera con el vecino o dejar pasar el tiempo mirando a los niños jugar sus juegos de temporada… así medíamos el tiempo, ahora football, luego las canicas, después la pelota, el volley… y la ¡playa! Se nos caía la baba mirando aquellos culitos bambolearse al compás de su andar cuando cruzaban nuestro ángulo visual y los amigos reunidos en la arena dejábamos la idiotez de ver quien tenía más bíceps o mejor formado el pecho por el gym… ¡Nada! Ellas nos destrozaban con un simple contoneo de sus caderas y un mirar de reojo, y como tontos les caíamos atrás ¡Qué tiempos aquellos!
Las películas del cine, las reuniones en la marquesina de las casas para bailar un rato con aquellas chicas, la que te miraba solapadamente, la que te quería comer con sus ojos, y el amigo que te ponía zancadillas para tumbarte la que más te gustaba. Eran tiempos mejores, cuando se compartía y se vivía mucho fuera de tu casa.
Así crecimos y así llegamos a la tienda de electrodomésticos y vimos allí, tranquilo, reluciente y repleto de orgullo al Microondas, con su tapa de cristal oscuro y sus botones de mando a uno de sus lados… ¿Qué era aquello? Nos decíamos, y el diligente vendedor venía en nuestra ayuda con su geta orgullosa porque la tienda exhibía un nuevo producto que revolucionaría no solamente al mundo y su tecnología, sino a la vida misma. No llegaría nadie a comprender que desde aquel mismo instante que apareciera aquella cajita metálica de color blanco y muy parecida a un tipo nuevo de televisión, que ya nada seria igual, que Cristo pasaría a segunda fila, desplazado al cabo casi de los 2 mil años… ¡Vaya record el del Señor! Pero en verdad, se lo merecía, destruía el mito del horno, del calentador y cuanto había hasta entonces para calentarse un plato frío de comida dejada por nuestras adorables madres porque llegábamos tarde de la universidad, un poco de leche o un trozo de pan del día anterior. Ahora todo es más sencillo, más fácil, meter el plato, el vaso o el trozo de bocata dentro de la cajita metálica, cerrar su puerta de cristal oscuro que jamás nos deja ver como lo que pusimos da vueltas dentro como un loco, hasta que ¡puf! ya está calentito y presto para comerse, y que gustosamente abrimos para sacar de él el alimento deseado, dejarlo medio abierto y largarnos sin más… ¿Quién cierra el microondas? ¡Nadie! Se quedará abierto hasta que otro venga y peleando diga lo mismo que dijimos nosotros cuando lo fuimos a usar ¡Coño, siempre igual… jamás cierran la puñetera puerta! ¡Un día lo van a joder! Pero no, él sigue ahí con su puerta medio abierta o medio cerrada, de acuerdo a como tengamos el día.
Antes las épocas las podíamos ya dividir en dos A.C y D.C, pero ahora hay que agregarle dos más: A.M y D.M, sí, porque el microondas nos trajo luego un sinfín de nuevos aparatos electrodomésticos… tanto para la cocina, como para el salón de estar, llegó la tele de veinte y tantas pulgadas, las de cristal plano, las de plasmas, los tape-recorder, los CD players, el karaoque, las vídeoconsolas, pero todo pereció al poco tiempo. Un nuevo aparato vino a revolucionar el mundo, haciéndolo cada vez más y más chico, alejándonos paradójicamente a la vez que lo íbamos aceptando en nuestras vidas. Se unió el televisor, la grabadora, que pasó ser almacén de datos de información, la maquinilla vieja se convirtió de la noche a la mañana en un esplendido keyboard, repletito de teclas con números, letras y raros dibujitos, todo unido por una infinidad de cables que se accionaba por otro más minúsculo aparatito nombrado Mouse, debido a su semejanza con el roedor que tanto dolor de cabeza nos ha dado desde siempre, desde que decidimos avanzar y convertirnos en sociedad apiñada en tugurios nombrados ciudades.
Sí señores… ¡la computadora! Ese maravilloso invento que nos ha encerrado en una habitación plantándonos ante un reluciente screen que nos comunica y nos acerca con cualquier parte del mundo, menos con nuestra familia, y nuestras madres, esposas o hasta abuelas se desgañitan gritando ¡Vengan a comer! Ante ellas pasamos todo el tiempo libre y no, pues ya no hay centro de trabajo que no tenga al menos dos… a veces me cuestiono para qué, si cuando vamos a reclamar algo que les compramos jamás poseen la factura que nos iniciaran cuando fuimos, precisamente, a comprarles, ese día que nos pidieron hasta la hora que vamos a hacer caquitas, pero no… ya no hay nada allí dentro, no apareces ni en los centros espirituales ¡Hasta eso amigos! Hasta los centros espirituales se han convertido a cibernautas y tu horóscopo te lo envían gratis a tu e-mail o tu carta astral la puedes comprar en cualquier website del menester… ¡El amor! Dejamos de andar por las calles con nuestros amigos, tomándonos unas frías cervezas en el pub de siempre, vertiendo jabón líquido en la fuente de la avenida principal por el sólo hecho de joder al policía del barrio con la espuma que se arma luego; de enamorar a la chica nueva del barrio por andar "navegando" -palabrita rebuscada para que no nos creamos idiotas- por los cyber-espacios.
Todo, de a poco, ha ido sucumbiendo al ordenador, a la computadora… en vez de sucumbir con la puta de Dora. Pero no, el microondas está ahí, ecuánime, en paz consigo mismo, sabiendo que por muy computadora que sea la nueva tecnología adquirida, él estará siempre en primera fila, el aparatito recurrente cuando nos percatamos que hemos perdido todo el santo día frente al brillante screen, desechando los papeles blancos donde antaño escribíamos los capítulos de nuestras novelas, donde dejábamos las lágrimas en las estrofas de los poemas por el amor perdido o no hallado… ¡Ah las golondrinas que no volverán!... al menos, si no desaparece el ordenador.
Y me cuestiono ahora: ¿Qué sucedería si por arte de magia, por un rayo caído del infinito, por una orden celestial dada por Cristo al verse desplazado ya no por el microondas, sino también por el ordenata, o porque un loco que no tiene lap-top y aborrecido del mundo y de la vida misma se lanzara contra una subestación y nos dejaran sin fluido eléctrico durante un mes? ¿Qué harán nuestros hijos, si no tienen la más puta idea de cómo divertirse fuera de las cuatro paredes de su dormitorio?
Talvez aquellos de antes del microondas logren sobrevivir, como cuando un huracán llega a las costas de alguna islita del Caribe y sus nativos se la componen todo un mes sin agua, ni luz, calentando o cocinando con leña sus aimentos, mientras que los europeos y americanos vacacionistas se tiran de los pelos y terminan por interrumpir sus días en la afrodisíaca islita, sin llegar jamás a comprender que precisamente ese huracán hace de la isla lo paradisíaco.
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