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by Manuel Darío
icen que es más fácil que una montaña se mueva, que hacer cambiar a alguien y esto lo voy comprobando desde hace cinco años, cuando sin más me vine a vivir a Málaga.
Esa primera vez que pasaba lejos de los míos, en un país que las costumbres son otras, donde el cuarto Jueves de Noviembre es igual que un 24 de Marzo… o sea ¡nada! Me puso a correr de un Corte Inglés a otro buscando las cosas para el Thanksgiving´s Day.
¡Un pavo a finales de Noviembre… tú estás loco!, así me decían todos cuando preguntaba dónde conseguir todo lo requerido para el Día de Acción de Gracias. Ese día que nada le pedimos a Dios, que únicamente escribimos en nuestros libros de pedidos a Él un Gracias por lo concedido, por lo que vivimos; ya sean las buenas y reconfortantes como aquellas que nos dolieron, debiendo tener presente que nos dio la fuerza para soportarlo, el tesón para conquistarlo o la paciencia para demostrar que podíamos. No importa lo que fuera, por algo o por alguien siempre tenemos que darle las gracias… ¡Hasta por el amigo que no nos acompañó ese día de alegría o dolor!, como decimos siempre: ¡Estábamos los que teníamos que estar!
Hoy, al cabo de cinco abriles o noviembres, ya es toda una tradición en mi casa malagueña, a orillas del Mediterráneo celebrar este día de reconocimiento a lo logrado en todo el año, de tenderle la mano al amigo adolorido, de soportar las mil y tres vicisitudes que nos regalan nuestros hijos cada día, a mis gatos que no hacen más que joder cuando llegan las 6 de la mañana y quieren salir o entrar del cuarto, sin importarles que sea Sábado o Domingo, que no vayamos al trabajo o estemos acatarrados; al vecino que olvidó la llave y necesita utilizar tu teléfono para llamar al cerrajero porque su móvil está en el coche y las llaves de éste sobre el mostrador de la cocina. De aguantar el polvo y el ruido de las construcciones y reparaciones del resto de las casas de la urbanización.
Thanksgiving es ya un día de reunión, al más puro estilo malagueño, con chupitos y calamaritos fritos, aunque nos hayamos hartado de pavo, siempre hay un hueco para todo, máxime si está acompañado de un buen vinito de reserva. Son varios los que cada año preguntan ¿Qué tengo que llevar?, cada año a la mesa hay que colocarle otra silla más y el chico del Hipercor me mira con asombro cuando le encargo un pavo para un montón de gente para el próximo Jueves, mirándome con cara de: ¡Qué coño festejará este tipo! Nos invaden los americanos y después nos meten sus tradiciones por el culo… ¡Qué podemos hacer! Así es la vida, unos cientos de años atrás nos llevaron sus fiestas, hoy les traemos las nuestras, con la diferencia que no hay espada por medio, sino unas inmensas ganas de compenetrarnos y brindar por las Tradiciones y el Multiculturismo.
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