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Siguiendo la línea del anterior artículo, leí en ese mismo reportaje que: El Parlamento de Egipto fue instado por el Consejo Supremo de Antigüedades hace unos meses a avanzar con los trámites para aprobar una ley que prohibiera hacer réplicas exactamente iguales de cualquier antigüedad egipcia, sin un permiso previo. Y como los derechos, en nuestra sociedad capitalista, implican haberes, quien decida llevar a cabo las reproducciones deberán pagar un gravamen.
Esta polémica ley afectaría a las célebres y multifotografiadas pirámides de Egipto, junto con otras decenas de obras y edificaciones, entre las que se cuentan la gran Esfinge de Gizeh y la Máscara de Tutankamón. También quedarían inhibidas las imágenes comerciales que se hagan de estos sitios u objetos, salvo que el uso sea estrictamente educativo. Los fondos recaudados con esta nueva ley irían a la conservación del patrimonio histórico de Egipto.
Hay muchos que se están oponiendo a que se lleve a cabo esta ley alegando el tiempo transcurrido desde su edificación, amén de que se lleva mucho tiempo y muchas reproducciones dispersas por el mundo y hasta negándose a reconocer los derechos de copyright existentes, afianzándose en que: La filosofía subyacente a estos acuerdos es que todos deben poder disfrutar del arte. Todos deben poder usar, citar, fotografiar, reversionar una obra de arte una vez que las necesidades económicas del autor o artista, y las de sus herederos (por eso el plazo post mortem), hayan quedado en el pasado.
Por qué no llevamos a raja tabla esta forma de pensar más que una ley en sí misma y la aplicamos a los CDs, vídeos y demás artilugios que existen para los cantantes. Si usáramos bien esa ley, entonces un derecho de un CD se perdería al año, ya que las ganancias producidas son millonarias y ¿quién requiere más de 40 u 80 millones para concluir su vida? Sin embargo se ha tomado el uso de la palabra piratería para intentar detener las copias y ventas indebidas y no se busca una solución mejor al problema.
Se firman contratos millonarios con los artistas, se emplea otra chorrada de millones en promoción y otro tanto en estupideces por malacrianza de los artistas que pasan a la lista de famosos de un día para otro y no dan un paso si no les complaces en cosas como la marca de la botella de agua, los chocolates sobre la cama o le pongan leche de burra para bañarse… ¡Ni que lo hubieran hecho toda su vida! Los millones caen y la vida cambia, afirmando aquello de que el hombre piensa acorde a la posición que ocupa y ese gasto indebido hay que sacarlo de alguna parte o deja de ser un negocio, afectando a quienes lo compran con sus altos costes.
Nos han impuesto un impuesto por si realizamos copias de fotos, y demás a la hora de adquirir Cds, printers, etc, lo que nos da, de hecho, la potestad para hacerlo, ya que estamos pagando de antemano, pero esos promotores, representantes y demás enganchado a la carroza no le exigen al artista que trabaje más, que realice más conciertos en vivo y que los costes no sean tan exagerados como lo son. ¿Por qué no se hace lo mismo con los escritores? ¿No es acaso un arte también? Las ganancias de las ventas de los libros se dividen en un 50% para la distribuidora que en su mayoría apenas hacen su trabajo y no van más allá de mantener el libro en la estantería de la librería, invitando a la editorial a realizar otra edición si fuera necesario, el otro 50% se divide en un mísero 4 al 8% para el autor, un 15 o 16% para la agencia literaria y el resto para la editorial, si saben el promedio del coste de un libro llegarán a la conclusión de cuánto recibirá el productor de que todos esos otros ganen su dinerito.
Se debería estar de acuerdo en pagar por realizar reproducciones, también que esas reproducciones solamente las hiciera el organismo competente para la promoción y distribución con fines publicitarios que a la postre sería una fuente de ingreso para el país en cuestión. Como se hace con la moneda y atrapar a quien la inflija. Pero ¿qué pasa con los turistas que vamos a esos lugares? Todos queremos llevarnos recuerdos en nuestras digitales cámaras, guardarlas en nuestras PCs y subirlas a nuestros blogs personales. Si nos ponen un precio por fotografiar no deberían cobrarnos la entrada, como hacen en la mayoría de esos centros, alegando que son fondos destinados al mantenimiento… ¡Nada, que somos expertos en inventarnos excusas para hacer lo que nos de la gana! Por aquello de: Haz lo que digo, pero no lo que hago.
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