sol y cafe

puntos de vista

Mayo del 2008


El amor, no tiene sexo

Publicado el 10 de Mayo, 2008, 18:23. en Reajuste de Espectativas.
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by Manuel Darío

Recientemente viendo la tele no me di cuenta que hacía ya rato que el programa había concluido. Algo me estaba molestando, pero no comprendía qué podría ser, hasta que una señal muy dentro estalló, comprendiendo que era uno de esos incontables programas del corazón –que absolutamente nada tienen que ver con el corazón, debido a lo dañino que ellos son-, y como un reflejo incondicionado… o tal vez más que condicionado fue de salvación, comencé a pasar los canales. ¡Dios mío, son incontables los canales dedicados al corazón, leerte el futuro y al porno!

Hallar un buen espacio televisivo es como intentar descubrir qué originó el Big Bang o si realmente hay un Dios todopoderoso. El caso fue que terminé anclado en Discovery Channel, allí estaban pasando un reportaje financiado -entre otros dos productores- por Rosi O´Donell, trataba sobre un crucero únicamente cargado de parejas homosexuales y algunas heteras como muestras de apoyo, donde la gran mayoría iban con sus hijos, por nacimiento o adopción. Tomando al mar como único y verdadero espacio neutral.

Era un reportaje donde se mezcló parte de la vida de cada componente de la pareja, hablaban sin tapujos de sus orientaciones sexuales, de cómo decidieron dar ese paso para salir del armario, el miedo y la incertidumbre que ello les conllevó. Como se conocieron, lo que tuvieron que soportar por parte del resto de la sociedad. Burlas, críticas, desprecios y negaciones; pero por encima de todo esto podíamos palpar el amor con que son criados esos niños, la felicidad que sus rostros muestran al mundo mediante las cámaras.

Pudimos ver, como un gran paseo, la ciudad de Miami, Nassau y otro tanto de islas del hermoso y extrañado Caribe. El recibimiento que en cada parte le era dada. Comprobamos que aún existen personas que escudándose en sus religiones atacan todo cuanto no es acorde a sus pensamientos, demostrando con ello su incapacidad a la comprensión y a la tolerancia. No les importó que entre esas parejas "algo extrañas" para ellos, hubiera niños que no comprendían lo que estaba sucediendo, que lo único que absorbían era miedo, un inmenso miedo, algo que sus "queer" padres no le trasmiten.

Realmente no sé si nuestro Dios, como dicen, creó todo a su semejanza, o simplemente herró en su gran proyecto, deseando construir un paraíso que él mismo desconocía, logrando la mayor de las chapuzas, a tal punto, que le abandonó a su suerte. Ahora bien, usar el nombre de algo tan grande para nuestras propias conveniencias es verdaderamente abominable, es no tener una fe, es no tener respeto para con los demás, así sean de credos diferentes, sexualidades diferentes o etnias diferentes. Sobre todas esas cosas hay una sola palabra que encierra lo que hemos debido ser desde siempre: Amor, amor para el prójimo, amor para la vida.

Antes de juzgar a esas personas se debe observar la felicidad con que viven esos niños, palpar la alegría y el respeto que todos esos niños profesan por los que les rodean sin dar demostracines de soberbia o discriminación. Haber escuchado sus palabras de agradecimiento por el amor, el apoyo y la preocupación con que son criados por sus padres... Con la tolerancia que le es enseñada. Eso es lo que vale, de eso es de lo que debemos tomar ejemplos y no alzar un libro que alguien, alguna vez, dijo era sagrado, para blasfemar, herir o injuriar a otro ser que como nosotros, tiene todos los derechos del mundo... Hasta el de elegir su sexualidad.


Recuerdos

Publicado el 3 de Mayo, 2008, 13:42. en Reajuste de Espectativas.
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by Manuel Darío

L

as distancias acaban imponiendo sus leyes, haciéndonos guardar las cosas que nos pueden doler. Intentando con ello sobrevivir a muchas que obligado nos vemos a dejar para emprender el camino de nuestra vida, ese que por más que eludamos acabará cruzándose con los atajos, aunque algunos digan que nuestro camino está hecho de todos esos atajos. Al final lo tendremos que agarrar firmemente o él se nos impondrá a nosotros.

Cuando decidamos echar a andar, el equipaje será ligero porque la distancia no la sabremos hasta que no la concluyamos, tendrá que ser ligero porque nos abrumaran los momentos vividos a cada instante, los que dejamos andando su camino. Pero con el tiempo, pensaremos en todo eso y buscaremos entre los rastros los recuerdos, los instantes, la gente que compartió con nosotros, o los hechos que nos conformaron… Algunos tristes y otros alegres. Desconocemos que al abrir esos libros dormidos las imágenes saltaran para chocar con la actual realidad y sin desearlo compararemos tiempos, amigos, buscaremos las personas que tuvieron su protagonismo y descubriremos que nada de eso ya está, que el tiempo decoloró las fotografías y la memoria ha fallado en sus recuerdos, olvidando algunos, distorsionando otros; perspectivas que se confunden con los colores que le hemos ido incorporando para que se mantengan atados a nuestra piel.

Algo sí será factible y reconfortante, una alegría arribará junto a todas esas cosas que vamos sintiendo, navegando entre cada detalle, imposibilitados de ahogarnos en las lágrimas que brotaran al ver que muchos de esos momentos no estaban presente, porque las realidades compradas al partir llenaron las alforjas.

El amor, la amistad, la familia o los espacios que nos circundaban chorrearan de la luna al mirarla como recuerdos ilustrados que nos atacan sin piedad. El balance estará en saber si lo logrado meritó, si todo lo perdido pesa más que lo conseguido, por cualquiera de las dos cosas pensaremos si aún tendremos el suficiente tiempo para buscar esos recuerdos, si mañana no se nos acabará la vida. Nada podremos hacer para escapar de las evocaciones, nada nos quitará el dolor de no poder volver a ver a quienes marcharon y no le despedimos, o los que por una u otra razón se alejaron de nuestro existir engrosando el listado de los que no están.

Fotos que abruman el presente, soplos de viejas fotos de gente que satisficieron los criterios, luces que iluminaron los sueños vencidos o desechados, convenciendo al tiempo para correr tras otros hasta culminar las ilusiones y de repente están las memorias ahí, dormidas entre esas fotos que se dejaron en un cajón guardado en lo más alto del closet, extraviado entre todo lo demás que no usamos, sin saber dónde volver a guardarlos cuando nuevamente topamos con ellos y la soledad nos fastidia deseando poder retornar aunque sea por un insignificante instante para decirle a todos cuanto le pudimos querer, cuanto nos duele no tenerles en nuestro actual presente, y despacio nos marcharemos con el peso de lo perdido o con la alegría de lo construido… Eso, sólo lo sabremos cuando al final lleguemos, cuando veamos lo que construímos.