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Ahí están ellos,
como estuvieron siempre.
Esperando cada mañana,
su rocío de agua,
… sin inmutarse.
Abriendo sus hojas al sol
… al día;
como si todo… ¡todo!
permaneciera igual.
Rodando sobre sus ramas inconclusas
las gotas de agua…
refrescando el calor,
alimentando sus raíces.
Mis helechos
… ahí están… como siempre
en cada maceta,
en cada rocalla,
entre las sombras y la luz;
dispersos entre sus posiciones
desde ya… muchos meses atrás.
Emergiendo algunos…
muriendo otros.
Permaneciendo callados,
sin cuestionarse:
¿Por qué no han de entrar a la casa?
Invadiendo de verde los espacios,
descomponiendo la luz,
armonizando el ambiente.
… ¿Para qué los volvería a entrar?
Para que el calor
los destroce…
para que el tedio los marchite.
Aplastados por el abandono,
que les roba el desamor
… su verde ilusión,
sin que llegaran a comprender
que la vida…
de la casa ya se alejó.
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