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puntos de vista

27 de Marzo, 2008


El escritor y sus personajes

Publicado el 27 de Marzo, 2008, 11:43. en Instantáneas.
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by Manuel Darío

 

H

ace algunos años que me dio la pataleta de escribir, o tal vez la tuve siempre y no le prestaba la atención suficiente, perdido quizás entre los colores, el lienzo, los trazos de cuando estudié pintura, luego sí que me extravié entre las proyecciones y las perspectiva de la arquitectura, intercalado todo entre los brazos de algunas mujeres que me hicieron echar a un lado la inclinación a escribir… ¡Hasta un día!

No sé si fue especial, si el sol brilló más esa mañana o fue la soledad y la frustración lo que me hicieron comenzar a rasgar un sinfín de pads donde dejaba plasmado bocetos, ideas que luego se fueron agrupando, distribuyendo, mejorando hasta llegar a ser una novela, en su mayoría de ficción mezclada con realidades.

Tuve, eso sí, la gran suerte de conocer a alguien que hasta el día de hoy ha sido muy especial para mí; que su ayuda y dedicación me hizo caminar con mejores calzados sobre las calles de la literatura. Alguien que hoy posee el título de mi segunda madre… más que mi profesora.

No sé por qué, pero de repente cruzaron mi mente algunos de los personajes de mis novelas, Hatuey, Gerardo o Marcial de Cuando a veces el tiempo no alcanza, Sonia y Richie de Qué tiras al agua –por hablar de algunos- sabiendo que de todos ellos he tomado alguna experiencia o les he aportado algo de las mías. Me cuestioné si no son más que reflejos de mí mismo, de aquellas cosas que hubiera querido ser y no fui. En verdad, no veo que haya que detenerse mucho en eso, cada autor pone de sí en su trabajo, experiencias que seguramente posee de su propia vida o de su entorno. Como cuando proyectamos una edificación, cada línea, cada figura es parte de nosotros, es lo que nos distingue del resto. Nuestra firma.

También debemos hablar de aquellos personajes que terminan siendo ellos los que ponen las pautas y nosotros como su parte real de la ficción sencillamente describimos lo que él nos dicta. Así ocurre muchas veces, realizamos una panorámica general del personaje, lo situamos en un ambiente pre-elaborado para él, pero al final, toma sus riendas y nos vemos inmersos  en acciones que no teníamos en mente… ¿Es esto malo? ¿Dejamos de ser escritores por no controlar nuestro personaje? Nada más lejos, porque jamás dejaremos de ser nosotros, aunque el personaje imponga sus condiciones, son ideas que afloran de nuestro yo más interno que nos hacen descubrir cuánto de fantasía poseemos y que solamente, dejando que la pluma corra lograremos sacar.

Puede que no seamos los perfectos, galardonados y reconocidos escritores que llegamos a la fama, pero jamás dejaremos de ser el escritor por excelencia si nuestros personajes son capaces de hacer llorar, reír o sencillamente lograr que quien nos lea, al final tenga un comentario que discutir.