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Abortar o no abortar… ese es el dilema

Publicado el 14 de Marzo, 2008, 20:29. en Algunas verdades.
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by Manuel Darío

C

omo parte de una gran escalada contra los abortos ilegales, se está haciendo eco las recientes declaraciones del ginecólogo Carlos Morín, quien ha reconocido ante juez que sus clínicas practicaron abortos a adolescentes de 13 años, como también a mujeres –of course- con más del tiempo aceptado para realizarlo; sobre los siete meses o hasta las 33 semanas, según conversaciones grabadas de otros médicos de la clínica… ¡Qué horror!

Se ha hecho toda una fanfarria sobre esto, pensando que habrá muy pocas personas que estén a favor de hacerlo, cuando se está eliminando el derecho a la vida, cuando se está poniendo en peligro la propia vida de la mujer que ha sido concebida.

Pero muy aparte de todo el engranaje judicial, la ética tirada por tierra de los galenos explotadores de este menester y el raciocinio humano de las personas que deciden interrumpir su gestación, apoyadas algunas por su familiar, o conyugue, también se debe pensar en que no toda la culpa está en esos médicos que han determinado hacer las interrupciones, viendo más allá de su dedicación opacada por el color de los billetes. Tal vez, y fíjense bien que digo: tal vez, la culpa también esté en esas personas desesperada porque no pueden asumir la responsabilidad y deciden materializar el aborto. Es fácil pensar en que debió pensarlo primero antes de hacerlo, pero puede una chica de 13 años deducir tal responsabilidad… podrá tener ese grado de conciencia su novio de aproximadamente su misma edad. Nadie se ha puesto a pensar en el grado de libertad que la propia ley ha depositado sobre esos niños sin que para nada medie su total educación, creando así la actitud que trae esa libertad, esos derechos y todo cuanto venimos inventando para lograr ser civilizados.

No se podrá estar de acuerdo en asesinar un humano de 33 semanas, pero tampoco hacemos nada cuando esa mujer pare a su indeseado hijo y quienes tienen la obligación, simplemente viran su cara por los prejuicios sociales… ¿Qué se puede hacer? ¿Tener el niño y criarlo sin amor, logrando que se vaya sintiendo desplazado con el tiempo?, convirtiéndose al final en una escoria más. Pudiéramos hablar también de adopción, pero cuánto tiempo no cuesta llevarlo acabo, cuántas trabas existen, cuánto papeleo se requiere para lograrlo, y el tiempo va pasando, y ese niño cada día va viendo la vida como un sacrilegio, sintiéndose el error y no la culminación.

Muchos son los que han levantado la mano en señal de protesta, muchos vienen señalando desde hace tiempo todo este gran y horrendo negocio, pero ¿alguien ha levantado la mano para dar una solución que no conlleve a estas cosas tan despreciables y en su mayoría desesperadas? Nos apoyamos en las leyes que tenemos, leyes que no satisfacen las expectativas, leyes que en su mayoría dejan huecos por donde se filtran todas estas barbaridades.

No queremos abortos, pero no hacemos nada por los niños despreciados, hambrientos y desplazados. No queremos abortos, pero las leyes atan de manos y pies a los padres de esas niñas que tienen derecho a sus derechos y que abusan de ellos sin leer la otra parte de los derechos… las responsabilidades. La ley juzga al niño de una forma superficial, dejando caer normalmente la totalidad de la culpa de lo ocurrido sobre sus padres, sin detenerse a pensar que esa misma ley de derecho atrapa a los padres en una encrucijada.

Las mujeres que no tienen los medios, la que es echada de la casa porque mantuvo relaciones con su novio o amigo y la sociedad –aún troglodita- la juzga con una regla diferente a la del hombre.

Ahora también se alza la iglesia con que usar anticonceptivos es un pecado… No se entiende, jamás se dijo que el Todopoderoso haya bajado nuevamente a visitarnos y en un gran conclave con los magistrados episcopales dio sus últimas directrices de comportamiento. Va y lo hizo vía e-mail, algo muy de moda hoy y por ello sólo hemos escuchado la parte humana de la fe. Se unen a la comparsa porque para ellos el sexo también es un pecado, si no se realiza con el único propósito de la creación… ¡Si eso fuera verdad, no habrían clínicas de aborto, ni niños indeseados, ni matrimonios solicitando adoptar un bebé! Ni cambio climático, ni políticos a los que no les importa nada más que gobernar sin mirar todas las necesidades y carencias de sus votantes… ¡Tal vez ni iglesia hubiera!

Juzgamos, culpamos y condenamos a quien toman una decisión –buena o mala- desplazamos a quienes son diferente, o hacen cosas que todos hacemos, pero la hipocresía en la que vivimos nos mueve a denigrarles. Habrá que sancionar a quienes realizan actos que atentan contra la vida de cualquier ser humano, pero junto a ello también estamos en la obligación de buscar las soluciones para que esas cosas no ocurran, pero no parcheando leyes mal concebidas, ni ideas arcaicas que solamente alejan al necesitado de la solución verdadera.