sol y cafe

puntos de vista

Marzo del 2008


Mis helechos

Publicado el 28 de Marzo, 2008, 17:19. en Poemas.
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Ahí están ellos,

como estuvieron siempre.

Esperando cada mañana,

su rocío de agua,

… sin inmutarse.

Abriendo sus hojas al sol

… al día;

como si todo… ¡todo!

permaneciera igual.

Rodando sobre sus ramas inconclusas

las gotas de agua…

refrescando el calor,

alimentando sus raíces.

Mis helechos

… ahí están… como siempre

en cada maceta,

en cada rocalla,

entre las sombras y la luz;

dispersos entre sus posiciones

desde ya… muchos meses atrás.

Emergiendo algunos…

muriendo otros.

Permaneciendo callados,

sin cuestionarse:

¿Por qué no han de entrar a la casa?

Invadiendo de verde los espacios,

descomponiendo la luz,

armonizando el ambiente.

… ¿Para qué los volvería a entrar?

Para que el calor

los destroce…

para que el tedio los marchite.

Aplastados por el abandono,

que les roba el desamor

… su verde ilusión,

sin que llegaran a comprender

que la vida…

de la casa ya se alejó.


El escritor y sus personajes

Publicado el 27 de Marzo, 2008, 11:43. en Instantáneas.
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by Manuel Darío

 

H

ace algunos años que me dio la pataleta de escribir, o tal vez la tuve siempre y no le prestaba la atención suficiente, perdido quizás entre los colores, el lienzo, los trazos de cuando estudié pintura, luego sí que me extravié entre las proyecciones y las perspectiva de la arquitectura, intercalado todo entre los brazos de algunas mujeres que me hicieron echar a un lado la inclinación a escribir… ¡Hasta un día!

No sé si fue especial, si el sol brilló más esa mañana o fue la soledad y la frustración lo que me hicieron comenzar a rasgar un sinfín de pads donde dejaba plasmado bocetos, ideas que luego se fueron agrupando, distribuyendo, mejorando hasta llegar a ser una novela, en su mayoría de ficción mezclada con realidades.

Tuve, eso sí, la gran suerte de conocer a alguien que hasta el día de hoy ha sido muy especial para mí; que su ayuda y dedicación me hizo caminar con mejores calzados sobre las calles de la literatura. Alguien que hoy posee el título de mi segunda madre… más que mi profesora.

No sé por qué, pero de repente cruzaron mi mente algunos de los personajes de mis novelas, Hatuey, Gerardo o Marcial de Cuando a veces el tiempo no alcanza, Sonia y Richie de Qué tiras al agua –por hablar de algunos- sabiendo que de todos ellos he tomado alguna experiencia o les he aportado algo de las mías. Me cuestioné si no son más que reflejos de mí mismo, de aquellas cosas que hubiera querido ser y no fui. En verdad, no veo que haya que detenerse mucho en eso, cada autor pone de sí en su trabajo, experiencias que seguramente posee de su propia vida o de su entorno. Como cuando proyectamos una edificación, cada línea, cada figura es parte de nosotros, es lo que nos distingue del resto. Nuestra firma.

También debemos hablar de aquellos personajes que terminan siendo ellos los que ponen las pautas y nosotros como su parte real de la ficción sencillamente describimos lo que él nos dicta. Así ocurre muchas veces, realizamos una panorámica general del personaje, lo situamos en un ambiente pre-elaborado para él, pero al final, toma sus riendas y nos vemos inmersos  en acciones que no teníamos en mente… ¿Es esto malo? ¿Dejamos de ser escritores por no controlar nuestro personaje? Nada más lejos, porque jamás dejaremos de ser nosotros, aunque el personaje imponga sus condiciones, son ideas que afloran de nuestro yo más interno que nos hacen descubrir cuánto de fantasía poseemos y que solamente, dejando que la pluma corra lograremos sacar.

Puede que no seamos los perfectos, galardonados y reconocidos escritores que llegamos a la fama, pero jamás dejaremos de ser el escritor por excelencia si nuestros personajes son capaces de hacer llorar, reír o sencillamente lograr que quien nos lea, al final tenga un comentario que discutir.


Abortar o no abortar… ese es el dilema

Publicado el 14 de Marzo, 2008, 20:29. en Algunas verdades.
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by Manuel Darío

C

omo parte de una gran escalada contra los abortos ilegales, se está haciendo eco las recientes declaraciones del ginecólogo Carlos Morín, quien ha reconocido ante juez que sus clínicas practicaron abortos a adolescentes de 13 años, como también a mujeres –of course- con más del tiempo aceptado para realizarlo; sobre los siete meses o hasta las 33 semanas, según conversaciones grabadas de otros médicos de la clínica… ¡Qué horror!

Se ha hecho toda una fanfarria sobre esto, pensando que habrá muy pocas personas que estén a favor de hacerlo, cuando se está eliminando el derecho a la vida, cuando se está poniendo en peligro la propia vida de la mujer que ha sido concebida.

Pero muy aparte de todo el engranaje judicial, la ética tirada por tierra de los galenos explotadores de este menester y el raciocinio humano de las personas que deciden interrumpir su gestación, apoyadas algunas por su familiar, o conyugue, también se debe pensar en que no toda la culpa está en esos médicos que han determinado hacer las interrupciones, viendo más allá de su dedicación opacada por el color de los billetes. Tal vez, y fíjense bien que digo: tal vez, la culpa también esté en esas personas desesperada porque no pueden asumir la responsabilidad y deciden materializar el aborto. Es fácil pensar en que debió pensarlo primero antes de hacerlo, pero puede una chica de 13 años deducir tal responsabilidad… podrá tener ese grado de conciencia su novio de aproximadamente su misma edad. Nadie se ha puesto a pensar en el grado de libertad que la propia ley ha depositado sobre esos niños sin que para nada medie su total educación, creando así la actitud que trae esa libertad, esos derechos y todo cuanto venimos inventando para lograr ser civilizados.

No se podrá estar de acuerdo en asesinar un humano de 33 semanas, pero tampoco hacemos nada cuando esa mujer pare a su indeseado hijo y quienes tienen la obligación, simplemente viran su cara por los prejuicios sociales… ¿Qué se puede hacer? ¿Tener el niño y criarlo sin amor, logrando que se vaya sintiendo desplazado con el tiempo?, convirtiéndose al final en una escoria más. Pudiéramos hablar también de adopción, pero cuánto tiempo no cuesta llevarlo acabo, cuántas trabas existen, cuánto papeleo se requiere para lograrlo, y el tiempo va pasando, y ese niño cada día va viendo la vida como un sacrilegio, sintiéndose el error y no la culminación.

Muchos son los que han levantado la mano en señal de protesta, muchos vienen señalando desde hace tiempo todo este gran y horrendo negocio, pero ¿alguien ha levantado la mano para dar una solución que no conlleve a estas cosas tan despreciables y en su mayoría desesperadas? Nos apoyamos en las leyes que tenemos, leyes que no satisfacen las expectativas, leyes que en su mayoría dejan huecos por donde se filtran todas estas barbaridades.

No queremos abortos, pero no hacemos nada por los niños despreciados, hambrientos y desplazados. No queremos abortos, pero las leyes atan de manos y pies a los padres de esas niñas que tienen derecho a sus derechos y que abusan de ellos sin leer la otra parte de los derechos… las responsabilidades. La ley juzga al niño de una forma superficial, dejando caer normalmente la totalidad de la culpa de lo ocurrido sobre sus padres, sin detenerse a pensar que esa misma ley de derecho atrapa a los padres en una encrucijada.

Las mujeres que no tienen los medios, la que es echada de la casa porque mantuvo relaciones con su novio o amigo y la sociedad –aún troglodita- la juzga con una regla diferente a la del hombre.

Ahora también se alza la iglesia con que usar anticonceptivos es un pecado… No se entiende, jamás se dijo que el Todopoderoso haya bajado nuevamente a visitarnos y en un gran conclave con los magistrados episcopales dio sus últimas directrices de comportamiento. Va y lo hizo vía e-mail, algo muy de moda hoy y por ello sólo hemos escuchado la parte humana de la fe. Se unen a la comparsa porque para ellos el sexo también es un pecado, si no se realiza con el único propósito de la creación… ¡Si eso fuera verdad, no habrían clínicas de aborto, ni niños indeseados, ni matrimonios solicitando adoptar un bebé! Ni cambio climático, ni políticos a los que no les importa nada más que gobernar sin mirar todas las necesidades y carencias de sus votantes… ¡Tal vez ni iglesia hubiera!

Juzgamos, culpamos y condenamos a quien toman una decisión –buena o mala- desplazamos a quienes son diferente, o hacen cosas que todos hacemos, pero la hipocresía en la que vivimos nos mueve a denigrarles. Habrá que sancionar a quienes realizan actos que atentan contra la vida de cualquier ser humano, pero junto a ello también estamos en la obligación de buscar las soluciones para que esas cosas no ocurran, pero no parcheando leyes mal concebidas, ni ideas arcaicas que solamente alejan al necesitado de la solución verdadera.