sol y cafe

puntos de vista

31 de Diciembre, 2006


Un día de soledad

Publicado el 31 de Diciembre, 2006, 18:01. en Instantáneas.
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Tomado de uno de mis libros: Carta de Fin de Año

 

 

Quizás como no pensé realmente, estoy sólo en medio en esta Navidad, puede que por la ausencia ya permanente de quienes amo intensamente… entre ellos tú.

Acomodándome a la idea desde algún tiempo atrás, talvez antes de que tú misma pensaras en comprar los boletos para tu tierra. Sabiendo que un año más me quedaría con a quienes les soy importante… los gatos. Confundiendo mis palabras al expresar: que desearía irme también a disfrutar estas fiestas al lugar de donde vengo, con dejar todo lo construido, lo sufrido o lo deseado atrás definitivamente; sin comprender que también deseo compartir ese instante junto a ti.

No obstante… como vengo haciendo hace mucho ya, justo a las 12 dejaré caer sobre el suelo una copa en recordatorio a los míos, deseándoles buenaventura para el año que llega, y entre esos míos estarás tú…

 


Amiguito o amiguita cualquiera

Publicado el 31 de Diciembre, 2006, 15:09. en Instantáneas.
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Estás lejos y seguramente te has de preguntar quién soy… mas eso qué importa, si hoy estoy pensando en ti, en cómo decirte que no estás solo, que estas navidades no son las últimas, que habrán otras repletas de felicidad y alegría… Que sepas que alguien desde lejos te desea lo mejor y que mañana todo cambiará.

Es cortito este cuento que he inventado para ti mientras escuchaba una canción, que no sé porqué razón me hizo escribírtelo. Quizás porque eres como la Luna que no he podido ver hoy por lo nublado de la noche o por la lluvia fría que no ha dejado a nadie pasear por el parque, puede también que todo sea porque mis niños andan hoy lejos, en otro lugar, mientras yo voy realizando mi trabajo, y que talvez, como tú pasaré las navidades solo.

Así que comenzando a escuchar la radio en medio de mi soledad, una canción me hizo escribirte este cortito cuento al que he nombrado:

 

La luna y el sol

Anoche descubrí que la luna venía peinando su cola azul, buscando al sol que perdido entre las horas del día no sabía cómo hallarle. Una tristeza muy grande invadió al Astro Rey, que eclipsado quedó soñando sobre los montes; soñaba que caminaba junto a la luna entre las nubes, que descansaban bajo la sombra de un hermoso árbol y despertó sonriente porque una vez entre sus brazos la tuvo, y pensando que mañana la podría encontrar al salir, despertó alegre y brillante, calentando la tierra del frío que la invadía, volviendo una inesperada primavera a irrumpir los espacios helados, y las flores resurgieron y un cálido viento acariciaba la hierba.

         Pero vivían lejos uno del otro, y el tiempo pasaba sin que ellos pudieran verse y lloraba el sol su ausencia. Cayendo en lluvia su llanto sobre la tierra. Creciendo cada día más su amor por ella.

         Mientras la luna iluminaba las noches, intentando hallarlo dormido en algún riachuelo, tras alguna palma descansando o sobre la arena de las playas esperándola para regalarle todas la estrellas del cielo. Para que él -el Sol- le brindara su arcoiris.

         Pasó mucho tiempo sin que ellos pudieran verse, pero Dios, al verlos tan tristes, le brindó esa oportunidad de verse. Deteniendo las horas, conjugando los tiempos y ambos, la luna y el sol, sorprendidos se vieron cara a cara, dejando correr sus emociones sobre todo el firmamento y desde la misma Tierra los hombres pudieron ver al sol y a la luna, unidos por primera vez en medio de todo el firmamento. Descubrieron un inmenso arcoiris surcar el espacio, coloreando de rojo, azul, amarillo, verde, malva y naranja, mientras las estrellas parpadeaban de alegría entre las nubes blancas del cielo en el azul firmamento.

         Llovió ese día amor sobre los hombres y la felicidad jamás se marchó. Crecían los niños jugando entre las flores, hablando un sólo idioma. No hubo más guerras, porque de la mano aprendieron a caminar los hombres. No hubo rencores ni miedos que hicieran llorar a los niños, que hicieran correr a sus padres a protegerlos… La felicidad fue eterna.

Bueno, no sé si te ha de gustar este cuento que en medio también de mi soledad me llevó hasta el lugar que tú andas y comprender que nunca, nadie está completamente solo, que alguien siempre piensa en uno, que siempre habrá una esperanza al doblar de una esquina.

Te quiero… aunque no nos conocemos

Dario