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Hay cosas que siempre nos han de sorprender, aunque pensemos que todo lo hayamos visto.
Pudiéramos decir que a la hora de buscar, será mejor caballo grande, ande o no ande, sin detenernos a mirar si su funcionamiento es bueno o no; si nos servirá o no para lo que deseamos hacer con él.
Para algunas personas mayores andar por las calles en un Lincoln o Mercury es mejor y más seguro que transitar en un Beetle o en un Daewoo, por aquello de que son pequeños. Para los comilones, atragantarse sin detenerse a pensar si ya están satisfechos no es de mucha importancia, lo de ellos es llenarse bien la panza. ¿Pero qué con esas otras cosas que vemos por ahí y no comprendemos cómo puedan existir o suceder?
Desconozco si estas dos hermosas negras playeras con sus hilos dentales, que más bien yo diría: Molares, y de las del juicio, han batido record o están ya inscritas en el libro de los Records Guinnes. Porque muy señores míos, a ese par de culos de la fotografía encontrada en mis andaduras por la web, ha ser mejor brincarlos que darle la vuelta. Tampoco sé cómo podrán dormir estas dos esculturas de ébano, y de paso ¿cómo estarán sus respectivos mattress? si usarán algún tipo de toilet especial o qué cantidad de papel sanitario han de consumir, lo que sí puedo asegurarle que mi querido primo les gritaría a todo pulmón si las viera caminando por alguna calle de mi Viejo San Juan: ¡Qué sofá!, pero si lo gritara mi amigo cubano allá por la Calle 8 de la Little Havana, diría ¡Abran paso que ahí viene el carro de la carne!
Seguramente el hilo dental que intentan mostrar, estará apachurrado entre las dos montañas de carne que seguramente les oprime y si son madres, llevarán a su hijo sentado plácidamente sobre sus nalgas y no colgados del cómodo silloncito que todo padre o madre lleva del cuello... y si lloviera, lo cubriria bajo el mismo.
Algo que me he venido preguntando desde que vi por vez primera esta foto: ¿Cómo conseguirán el equilibrio al andar? cuando semejantes fambecos -como dijo alguien que la vio junto conmigo- vayan en constante ondular al compás de sus pasos al caminar. Las ondulaciones de sus contoneos seguramente producirán una especie de terremoto o tortícolis a quienes pasen junto a ellas.¡Qué decir de quien vaya sentado junto a algunas de ellas en un autobús! comprimido si estuviera de la parte interior y caería al pasillo si fuera en la parte exterior y el autobús diera un giro inesperado.
Ver alguna de estas bellas mujeres desnudas a de ser como estar frente a la cara oculta de la Luna, ¡un inmenso espacio por explorar! y el que tenga la dicha de acercar su rostro a semejante protuberancia, perderá el sentido de la orientación al sólo tener ante sí todo un mundo de carne, pudiendo deslizar sus manos sobre toda la superficie, que no retornará hasta el lugar de partida, al menos, pasado unos 20 minutos por nalga. La lujuria de lo imaginable embotará sus sentidos mientras esta humanidad no caiga sobre él... ¡y qué decir de lo que hay que tener para llegar a sus profudidades!
No le hará falta darle una bofetada a nadie, con un nalgazo ha de ser suficiente para dar konck-out al infortunado que las haga enfurecer.
Pudiera decirse, sin temor a errar, que estas dos mujeres serán más altas cuando estén sentadas que cuando estén de pie. O como expresaría mi vecino musulmán: ¡Esto si es un culo y no lo que tengo en casa!... Nada, muy señores míos, que este par de mujeres estarán obligadas, seguramente, a pagar el derecho de circulación, como cualquier auto por las calles.
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