|
Todos los derechos reservados del autor
Tiempo ha pasado desde que comenzamos a pensar en quiénes somos en realidad, qué existió antes o qué habrá después. Incógnitas que llevamos intentándole dar respuestas desde que dejamos atrás el andar en cuatro patas… si alguna vez anduvimos de esa manera.
Han surgido infinidad de cuestionamientos, raciocinios a los que le buscamos las respuestas aún por descubrir, ocultando nuestra ignorancia tras ideas místicas que dibujamos en paredes, papeles y luego expuestas en galerías, desde que alguno de nosotros con trazos muy perfectos dejaron para siempre aquellos dibujos sobre las rocas de las cavernas. Luego miramos al cielo, cuando la solución nos era incomprensible, y a partir de ese instante hemos venido respondiéndonos -de esa manera- todas las preguntas que no le hemos hallado una respuesta lógica; surgiendo de todo ello la Fe. Inagotable hacedor de convicciones, la piedra filosofal que buscamos desde tiempos remotos, pero que jamás ha tenido una figura geométrica o se ha podido palpar. Ella no corre entre nuestros dedos como un líquido milagroso que se nos escapa, ni anda flotando en el espacio en espera de que lo usemos en mezclas explosivas, porque jamás ha sido tangible.
Creemos simplemente en todo lo que existe a nuestro alrededor, en aquello que nuestra prolífera mente nos recrea, creemos también en una fuerza sobrenatural, capaz de salvarnos de todas nuestras miserias, aunque jamás evidencias hemos tenido de ella.
Descendemos de organismos que evolucionaron hace millones de años, obteniendo con ello la supremacía sobre esta gran casa, llamada por nosotros, Tierra. Puede que hayamos devenido de un gran juego biológico, de alguien que intentando obtener una compañía edificó una estructura carbónica, con grandes porcentajes de agua. Unió aminoácidos, ácidos, proteínas y cuanto halló a su alrededor, luego lo puso sobre este planeta y con una descarga de electricidad de la más formidable batería, sopló vida y lo echó a andar, y al partir para llevar su informe, perdió las coordenadas y por tanto no pudo retornar a su gran laboratorio, o quizás anduvo por ahí como otro más y nunca nos percatamos de sus presencia.
El Universo con sus incógnitas y misterios, sus ventanas al tiempo o al más allá, sus grandes e incalculables distancias y las difusas dimensiones, nos hace parecer pequeñas bacterias que destruimos nuestro propio hábitat. Muy bien que todo esto nos puede llevar a pensar que descendemos de seres que muy bien pudieron recrearnos, de “dioses” que intentaron edificar un mundo mejor, experimentando con nosotros, analizándonos muy de vez en vez para ver cuánto hemos evolucionado.
Hay preguntas que nos hemos venido haciendo… ¿la muerte, qué es? ¿A dónde vamos después?… ¿Por qué de tener alma? ¿Somos en realidad lo que somos?… ¿Estamos aquí realmente? ¿Existe ese Dios que nos edificó? ¿Nos hizo en realidad a su imagen y semejanza?… Entonces, ¿por qué no todos tenemos las mismas características? ¿Será que nuestra alma es su real imagen?
Nadie ha logrado dichas soluciones, al menos por el momento, fortaleciéndose eso sí, las mil y tres ideas de misticismas soluciones, inventándonos ídolos y figuras, fábulas que con el tiempo se han convertido en historias creíbles, porque las requerimos. Porque sin ellas nada se hubiera construido. En cada paso, cada proyecto e idea, existe una resolución ancestral: Buscándonos a nosotros mismos, y partiendo de ella, hemos avanzado los miles de años en constante y ascendente espiral evolutiva con la resolución de obtener dicha respuesta, sin meditar qué ha de ocurrir cuando obtengamos esas tan deseadas respuestas… ¿Habrá de continuar la fe como único pilar de nuestra existencia? ¿Desecharemos los pedidos de clemencia a nuestro Ser Superior?… y cuándo cometamos nuestros errores ¿Quién nos perdonará?
Tal vez sucumbiremos en un mar de frustraciones y miedos, ahogados por tantos años de verdadero oscurantismo u ocultismos, de quienes han manejado las informaciones y los asombrosos resultados. Puede también que comencemos a andar con los verdaderos pasos hacia la total y plena emancipación de nuestras mentes, y para entonces, naveguemos por nuestro Universo en pos de aquellos que una vez comenzaron la gran tarea de llevar la evolución a cada rincón del Universo, y la muerte deje de existir porque simplemente estemos transitando por diferentes estados energéticos, conjugándonos hoy entre moléculas de carbonos y aminoácidos, proteínas, ácidos desoxirribonucleicos y agua en grandes cantidades; mañana, siendo no más que una etérea y traslúcida forma con un gran contenido de energía, para trasformarnos infinidad de veces en seres de distintas clasificaciones y aspectos externos, para lograr percibir todas esas emociones y sensaciones que una vez perdiéramos al hallar la forma ideal de nuestro andar por el propio tiempo, involucrándonos en la vida de entes a quienes le dictamos lo que deben hacer o realizar, sin que ellos mismos logren saberlo en su fugaz y maravillosa existencia, donde el Amor es su segundo pilar. Logrando con ello un desarrollo jamás alcanzado y el paraíso añorado y descrito por las Santas Escrituras, no sea más que este magnífico y grandioso planeta, con el que viajamos por el espacio sideral.
|