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Escritor o estafador... ¿y por qué no lo segundo?

Publicado el 12 de Febrero, 2006, 19:21. en Algunas verdades.
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Recién se ha podido leer un artículo del señor José Vicente Pascual publicado en el Ideal de Granada el día 26 de enero y cuyo título lleva como nombre Regalo, un artículo que habla sobre el cumpleaños de su madre, de los sentimientos, pero sobre todo de él mismo, y ya que este escritor es también un articulista pudo hablar de la literatura, del regalo que es precisamente el legado que dejamos entre las hojas y la tinta para que otras generaciones puedan deleitarse con esos escritos y no hartarse tanto de su ego; pero si lo hubiera hecho no podría dejar de hablar de otros escritores y al final hubiera quedado entre todos los que muy seguramente hubiera mencionado y eso no va con su altura, y aunque muy bien enzarzado y sin perder la oportunidad de nombrar a su querida madre por su cumpleaños, dejó bien claro que él y su ego jamás podrán estar sentados en la misma mesa. Pues acorde a lo leído en la gacetilla llegamos a la conclusión de que este señor escritor, que ha comido hasta con príncipes, no tiene abuela que le halague.

El gran olvido de este artículo, donde nos habla de esos momentos de esplendor y suma satisfacción que ha experimentado el mencionado escritor, no haya sido acompañado de todos aquellos escritores de los que él se ha burlado y estafado. Preguntándole a él mismo, si considera que la obra de otros vale menos que la de él, si tiene el derecho a tirar por tierra la creación de otros, que talvez hasta sean mejores que la de él mismo, y como este señor escritor de grandes lauros, de vuelos altos y pluma de oro ha aguijado su artículo entre el regalo, que al parecer no supo comprarle a su madre, y sus propias loas, se le debe sugerir que con los mil euros que él mismo le ha estafado al autor de los cuentos Historia con tequila, muy bien que pudiera comprarle a su madrecita una lavadora y una secadora, por ejemplo. Con los tres mil robado vilmente a otro autor con su obra Don Bertho quizás hasta comprarle un abrigo de piel. Pudiera también decírsele a este señor escritor que con los casi dos mil trescientos euros que dejó de pagarle a la editorial Atrio por la edición del propio libro Don Bertho, también alguna cosilla le pudo comprar a su tan querida madre… un televisor de plasma, por ejemplo. Pero al parecer este señor ha gastado sus ahorrillos bien sudados en otras cosas, o como bien dice él mismo: A cierta altura de la vida tiene derecho a olvidar asuntos menos transcendentes. ¿Son esos asuntos la dedicación y amor con que un escritor confeccionó su obra? ¿Son esos asuntos a olvidar, la ilusión y confianza con que le fueron dados los trabajos para que vieran la luz?

Tal parece que este sensible y auto-agasajado escritor, que no ha perdido la oportunidad para frotarse el pellejo hasta relucir, intentando quedar como el más sensible y amoroso hijo y padre, mientras va por la vida pisoteando cuanto trabajo literario encuentra, tan sólo para satisfacer sus más bajos conceptos de amistad, dignidad, de legado literario. ¿Acaso el trabajo de los demás no tiene el mismo valor y derecho a ver la luz… a quedar para la posteridad? ¿Quién le ha otorgado el derecho de destruir lo que otro ha realizado?

Amigos que le aplaudan seguramente han de quedarle pocos, pues si a todos los que conoce les ha hecho algo parecido ya pocos tendrá que le tiendan la mano, pero en algo sí tiene razón este escritor, y es precisamente en lo injusto de la estima brindada por quienes han creído en su amistad, en su honradez o en su concepto de amigo. Lastima del final de la medalla de Gardel que ha ido a parar a análogo viviente. Lo que es incomprensible que algo tan parecido a una vulgar replica de ser humano pueda ser jurado del concurso anual del Ideal de Granada, tenga el derecho a criticar y seleccionar obras para una colección literaria del propio ayuntamiento de Granada bajo el sello de GRLiteraria y además, algo más inaudito todavía, use todo eso para su modus operandis sin que suceda nada, pero lo más sorprendente -si quedara algo que sorprendiera de este escritor- es saber que la propia editorial a la cual le ha estafado los casi dos mil trescientos euros por la edición del libro Don Bertho y que a su nombre le birló mil euros al autor de Historias con tequilas esté preparando la edición de una de sus obras.

Este humilde escritor que al parecer ha comido en la misma mesa que príncipes… lo que no sabemos es príncipes ¿de qué? Por cierto, ha olvidado dar sus nombres, además que en su oficio de  estafador… perdón, de escritor, le ha deparado momentos de inmensa satisfacción, algún que otro agasajo -humilde él-, el aplauso sincero de quienes valoraban sus esfuerzos -pues parece que ya nadie lo hace- por llevarse bien con la literatura o más bien debió decir: sacarle lo máximo a la literatura, tirando por tierra despiadada e in misericordiosamente, ultrajando, el trabajo de otros para dar a conocer el suyo.

Y, ya que este señor escritor posee tan buena memoria y tanto sentimiento, como expresa en su artículo, podemos pensar que no habrá que recordarle que jugar con la confianza brindada, con la amistad ofrecida, pero sobre todo, con los sentimientos de aquellos que le han dado sus tesoros más preciados, es una vil bajeza. Usando como él sabe hacer, los medios que a su alcance posee para ir tejiendo su engaño, utilizando a terceros para lograr su cometido, su tarea final… su propósito. Obtener dinero mediante la estafa, único y real nombre de lo que va realizando por la vida. Teniendo que preguntarnos ¿Realmente quiere a alguien este señor escritor? Si usa hasta su propia familia para sus propósitos más ruines.

¿Tiene este señor escritor más derecho que los demás de ver publicada sus obras?

Quizás hoy, todavía esté dándole vuelta al regalo de su madre, como así también a nuevas patrañas para continuar su labor de estafador… perdón una vez más, de escritor quise decir, y por ello ande por otros lares buscando las palabras para una nueva obra, o a quien poder seguir trasquilándole algo de dinerito. Para finalizar se pudiera decir, como reza un refrán de mi tierra: Ojala y lo gaste todo en medicinas, ampliándolo ahora con: ya que no le supo comprar el regalito a su madre, aunque una última idea se le pudiera sugerir como regalo a su madrecita… ser antes que escritor, un hombre honrado y honesto.