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Noviembre del 2005
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Publicado el 21 de Noviembre, 2005, 22:38.
en Cosas de Inmigrante.
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Análisis sobre el artículo A este lado de la valla, publicado el domingo 9 de octubre en el periódico El País.
Tres mil personas a tan sólo 160 km. de la frontera española no es fácil de ocultar, de saber que se está desarrollando una atípica comunidad devenida por la congregación de inmigrantes de otras nacionalidades y hablar de esa comunidad como anuncian las agencias de viajes sobre un posible destino tursístico, realmente, caería en una burla solapada sobre un gran problema latente para toda la zona afectada, resaltando su mercado, su actividad económica y política, venida por el asentamiento de diferentes etnias… y si fuéramos a hablar de ello, tendríamos que reconocer que al menos lo hacen bien.
Tampoco sería muy difícil de detectar cuando un grupo de cientos de ellos se desplaza por toda una franja de terreno de un país hacia la frontera europea más próxima a sus sueños. Si cientos de personas toma por asalto una valla fronteriza procedente de un país colindante y que no ha impuesto medidas para evitarlo; esto, no es nada más que una flagrante violación a un territorio ajeno. Hablar de una lucha desigual de grupos desarmados, pobres y hambrientos contra dos ejércitos, son palabras muy serias, cuando se ha probado, que al menos, uno de esos ejércitos que defiende sus fronteras no tienen armas ni para matar una mosca y que los disparos han venido solamente de un bando -el marroquí-, poniendo en la mira de los lentes y plumas de periodistas de todo el planeta la atípica ciudad de Melilla… atípica ¿por qué? Porque en ella conviven católicos, cristianos, hebreos, musulmanes e hindúes y muchas otras, entonces qué es España, o Francia o América… Israel ¿países atípicos?
Mucho tiempo atrás en esta "atípica" ciudad española en el mismo corazón del norte de África, no existía nada que dividiera la parte marroquí de la española, sus ciudadanos cruzaban de un lado a otro sin que mediara impedimento, pero el tiempo pasó y las nuevas formas de vida trajeron sus condiciones colocándose una valla que no superaba el metro de altura, pero más adelante volvieron a cambiar las condiciones y España sin saberlo se había convertido en la puerta de entrada de ilegales a Europa, fue esto lo que asustó a toda Europa y España, para poder ser europea, comenzó a colocar nuevas y más altas vallas divisorias.
Mezclar hechos que acaecen en la cuidad, como la falta de medios para atender a sus ciudadanos, que la ciudad no posea algún especialista asentado allí o que el porcentaje de la criminalidad haya subido, nada tiene que ver con estos últimos hechos que vienen produciéndose. Toda esta falta de interés no es más que malas elecciones del propio pueblo al elegir sus dirigentes y de eso no culpemos al subsahariano, al musulmán que camina las calles o al turista que visita la parte vieja de la ciudad amurallada. Puede que este nuevo incidente migratorio no crispe más a la ciudad de lo que ya pueda estar, pero sí acumulará resentimientos en aquellos que vean esto como una flagrante violación de la españolidad, su españolidad, la cual está en todo su derecho de defender como los propios marroquíes defiende su nacionalidad aunque lleven viviendo de este lado la mayor parte de su vida o de hecho hayan nacido en España. Por otra parte, decir que no se entiende como los subsaharianos llegan a través del desierto y lo que tienen que hacer luego, es intentar ocultar lo que se conoce muy bien o ser a extremos ingenuos, pues es de todos conocidos que ellos son informados -precisamente- mediante esos móviles que venden en su asentamiento provisional, por sus familiares, amigo y quienes le venden el boleto del sueño europeo, por qué entonces exponer que un grupo de ciudadanos melillense se reunió a protestar ante la sede de la Delegación del Gobierno convocados a través de móviles ¿No pueden hacerlo? Exponer también que el 49% de los partos son de mujeres marroquíes ¿qué significado tiene en medio de todo este berenjenal de caos migratorio? Se ha olvidado que existe un acuerdo que permite a las mujeres marroquíes -de Marruecos- cruzar la frontera melillense para venir a parir porque la salud de Nador es pésima. No será que es más saludable protestar de este lado lo que en su suelo patrio a nadie le importa y puede provocarles "serios problemas de salud".
Leer en un diario español que la ciudad de Melilla nada tiene que ver con el perfil español, debido a que no es una sociedad homogénea, amparándose, entre otras, que no es solamente por su distancia de la parte continental española, es delirar al clímax de la desorientación nacional, pues parece que se han olvidado los ocho siglos de domino árabe a que estuvo expuesta la mitad de lo que hoy es España, y que tan sólo en 1492 salió corriendo el último reinado de Taifa vencido por los reyes católicos. Que el llamado País Vasco ni tan siquiera cree ser español, mas todos así lo afirman, mientras que los melillenses reclaman su nacionalidad española y nadie les hace caso. Si habláramos de lugares distantes, de culturas mezcladas, Las Islas Canarias nada tendrían que ver con España, pero allí la economía del turismo es fuerte y perderlo seria una estupidez más a la cual no se debería llegar ¿No será que Melilla adolece de importancia para el gobierno y por ello se desestima su integración a la "homogénea" españolidad?
Hablamos de una España unida y homogénea, sin embargo, muy recientemente el presidente del Gobierno español expresó públicamente que: "Sus pensamientos respecto a las ciudades de Ceuta y Melilla los consideraba innecesario hacer públicos"… ¿Es homogéneo este planteamiento? ¿Qué hubiera dicho el Señor presidente si estuvieran en este mismo dilema Sevilla o Madrid?
Aprovechar esta coyuntura para exponer públicamente que Melilla es una ciudad corrupta, es otra vil bajeza para alejar aún más a esta bella ciudad de la homogeneidad española; sirviéndola en bandeja para que otros se atraganten con ella, pues los dilemas político-económicos de esta ciudad tampoco se alejan mucho de otros tantos que posee la política y la economía de otras ciudades de España, y un ejemplo de ello lo tenemos en la bellísima y soleada ciudad de Marbella, donde políticos están siendo procesados, donde las mafias extranjeras viven su realengo, poniendo en constante jaque a la policía nacional.
Fácil también es manipular porcentajes para demostrar algo que bien pudiera no ser una verdad, ya que si obtenemos esos números sacados de una densidad minoritaria con respecto a la nacional, seguramente han de ser altos esto por cientos, pero qué ocurriera si diéramos todos los por cientos detallados por cada ciudad, comunidad o autonomía y no como una media ponderada del país. Olvidan que en ese porcentaje nacional también están sumados los números que corresponden a la ciudad de Melilla.
Tal pareciera que se estuviera esperando un hecho como el de la avalancha de inmigrantes subsaharianos para todos comenzar como hienas a sacar sus prejuicios, sus miedos… su discriminación solapada. Tomar como punta de lanza para un ataque, que también suena a campanas políticas, que la comunidad musulmana de Melilla se asusta porque se hable de españolidad, realmente es ridículo o entreguista. España no tiene por qué dejar de hablar de su españolidad porque es española con Ñ y Z y aquel que desee vivir en ella tendrá que acatar su forma de vida y no España la de los que llegan, o pertenezcan a una determinada religión, o ¿acaso allí no conviven hebreos e hindúes? ¿Ellos han temido por la rimbombante españolidad? Ningún emigrante en ningún país del mundo podrá pensar que las leyes y formas de vida del país que le ha acogido tienen que cambiar porque ellos estén, se les respetará como personas, como seres humanos, como ciudadanos que puedan llegar a ser, pero de ahí a temer hablar de la nacionalidad del país para que un grupo de personas no se sientan ofendidos o temerosos, señores, va un buen trecho, además de ¿qué temen? ¿No son españoles acaso? Y si no lo son, deben acatarse a las leyes del país donde han decidido vivir. No se puede tomar lo que conviene y protestar por lo que disgusta del país que les ha abierto las puertas. Podremos entender que los musulmanes de Melilla serán los que garanticen la españolidad cuando siguen creyendo que Marruecos es el mejor lugar del mundo, celebrando sus fiestas religiosas cuando lo dicta el rey de Marruecos y no cuando lo aconsejan los Imanes de la península ¿esa es la españolidad asegurada?
Se dice que existe el temor a Marruecos por parte de la sociedad católica de Melilla, y que hasta que esa actitud no cambie continuarán los problemas de integración de la ciudad, pero dónde esta la seguridad que brinda Maruecos, cuando ha lanzado al desierto a esos cientos de subsaharianos repatriados sin ayuda, protección ni alimentos, y solamente porque la comunidad internacional ha protestado los han recogidos para llevarlos a sus países de origen ¿No es eso un crimen? ¿Se debe confiar de un gobierno que haga semejante atrocidad con los extranjeros? No encarcelan, maltratan, violan y desaparecen a cuanto extranjero exprese algo o haga algo que entiendan perjudicaría a los creyentes musulmanes en fechas del Ramadán o contra las costumbres del país.
Melilla tiene otra salida más a sus problemas, exigirle al gobierno español se preocupe y ocupe por sus ciudadanos y no relegarlos a su propio albedrío. Permitiendo que lucren con su lejanía, mejorando y agilizando la transportación mercantil, imponiendo un comercio equitativo que haga despuntar más la economía de la ciudad, logrando con ello que ese porcentaje de ciudadanos que se dedican al contrabando vayan desapareciendo y de apoco se integre la economía melillense a la española, que en definitiva no lo ha dejado de ser desde 1497.
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Publicado el 21 de Noviembre, 2005, 21:43.
en Reajuste de Espectativas.
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Si pudiéramos encontrar la fuente del todo, quizás la halláramos entre los hábitos y las costumbres de aquellos que fueron haciendo la historia -nuestra historia- quienes dejaron un legado entre los espacios de cada minuto, hilvanado hasta formar lo que hoy podemos llamar la Epopeya Humana. Concordando de esta manera el derrotero trazado mediante la sucesión de generaciones tras generaciones. Donde la interrogante de los acontecimientos han permanecido estáticos, entre la perplejidad y la insuficiencia de acepciones que nos liberen de la incertidumbre de las preguntas que nos hemos venido haciendo desde el mismo comienzo de los tiempos…
¿Qué somos?... ¿Desde cuándo estamos?... ¿Qué hay después?
El derrotero de nuestra presencia, se ha trazado por cada hecho que aconteció en la ancha línea de la vida, tanto por lo que ha perdurado como por aquello que se deshizo sin dejar rastro aparente, perdido tal vez en nuestros subconscientes, depositándose uno tras otro, conformando de alguna manera lo que hoy somos… Pero realmente ¿Qué somos? La creación de un ente semejante a una divinidad que no hemos visto, que aún nos queda por descubrir.
Cuando apenas éramos una especie más, entre las que poblaron esta inmensa nave que va dando vueltas sobre sí misma, arrastrándonos en ella, recorriendo el tiempo y el espacio en pos del futuro, de donde esperamos obtener esas respuestas que aún no poseemos. Nave que llamamos Tierra, en la cual desde que dejamos de ser animales supimos que seríamos dueños absolutos de ella. Introduciéndonos en campos que nos han ido llenando de cuestionamientos, con los cuales cada vez más vamos ampliando nuestras fronteras, mas también descubrimos que poco sabemos de nuestro entorno, de la chispa que nos dio la vida, del espacio circundante, del universo, de lo que en realidad somos.
Por ello cuando no hemos tenido las respuestas adecuadas, hemos inventado una excusa para suplir esos vacíos, perdiéndonos en los miedos que nos pudieran trae o simplemente destruirlo porque no lo llegamos a comprender.
Acaso, somos solamente un cuerpo perceptible para que energías superiores puedan sentir o vivir aquello que en su estado original no pueden percibir y por tal causa comienzan a transgredir los tiempos todos, hasta superar los errores que fueron cometiendo en cada etapa de lo que se ha denominado vida… las inexactitudes o falencias que cometieron. Convirtiéndonos por ello en simples vehículos sensoriales, como pudiéramos creer que es nuestro cuerpo contra lo que en verdad somos, cerebro.
Somos una entidad energética que requiere de un medio corporal por un espacio limitado de tiempo, en el cual aprendemos -o aprenden- y enseñamos destrezas y comportamientos, como exámenes que nos califican para un grado superior; abandonándolo cuando ya nada más podemos aprender, cuando ya nada más vamos a aportar.
Una interacción multidimencional y multitudinaria, donde vemos en los demás el reflejo de lo que somos verdaderamente, dando y recibiendo constantemente. Una simbiosis de energías constantes con la que vamos construyendo historias, dejando huellas que conforman los hábitos y las costumbres, como signos para los que vendrán después. Nosotros mismos envestidos en otra estructura orgánica. Hemos venido andando desde tiempos inmemoriales, creyéndonos que somos algo cuando en realidad nada en verdad somos, o que realmente seremos algo que no comprendemos qué es… ¿Qué somos?
Hoy una nueva era se va abriendo ante nuestros pasos, desvencijando ideas y conceptos que nos acompañaron durante milenios, algunas creadas por nosotros mismos, otras venidas de lugares que no comprendemos todavía, pero que comienzan a desvanecer velos. Internándonos en campos que nos van hablando de cosas muy superiores que no llegamos a discernir, pero que de alguna manera creemos que existe o que pueda existir. Hemos venido consumiendo tiempos buscando nuestro lugar, deshaciéndonos en actitudes y preponderancias que nos han llevado a arrastrar con acciones realizadas, acumulándolas porque no las hemos concluido, algunas de ellas hasta nos han destruido. Otras nos han llevado a creernos los Dioses Terrícolas, avasallando, esclavizando a quienes hemos considerado ilusamente inferiores.
Algo que venimos guardando en nuestras mentes, traslúcidos, escondidos en algún recóndito lugar del subconsciente "humano", sin que sepamos realmente que está ahí, ocupando espacios como programas de computadoras que en algún instante apretando el botón requerido saltará. Memorias que determinan lo que estamos haciendo o nos impide avanzar, obligándonos a quebrantar tiempos en acciones repetitivas, acarreándolas por siempre hasta que logremos superarlas.
Si nos adentramos en los conceptos y ventanas de esta nueva era, sin estar realmente preparados para ello, nos confundiremos entre tantas hipótesis que nos han de conducir a niveles que no hemos aceptado del todo. Donde muy bien que pudiéramos encontrar los vacíos que todas nuestras religiones no nos han llenado tampoco.
Cuando comenzamos a estudiar la Biblia, encontramos aspectos de nuestro legado que con la cotidianidad de la vida ha sido decolorado, donde la palabra de Dios la podemos interpretar como seamos capaces de hacerlo, como realmente somos en definitiva. Mas ella de alguna manera va componiéndose a lo nuevo que surge, venido todo por las investigaciones que hemos realizado en el campo científico, pero también en el llamado esotérico; descubriéndonos aquellos aspectos que muy bien pudieron estar junto a nosotros desde los mismos comienzos del tiempo o de la historia, pero no entendimos y la mistificamos convirtiéndola en credo, logrando proseguir nuestro andar, sin tener que reconocer que nada sabemos. Comenzando a ser esa divina palabra interpretada de otra manera… quizás la verdadera, iniciando la salida del oscurantismo que nos ha envuelto desde mucho tiempo atrás.
Ahora bien, si llegamos a aceptar como verídico que somos algo más que un cuerpo evolucionado -cosa que creo fervientemente-, que venimos cumpliendo compromisos asumidos previamente, para lograr mediante esto que hemos decidido llamarlo vida… entonces ¿Dónde queda el libre albedrío? Realmente para quién es el concebido y manido concepto… ¿Para el alma, el espíritu o para el cuerpo? Nuevamente nos tendríamos que cuestionar ¿Qué somos verdaderamente?
Si fuéramos solamente cuerpo, humano o animal superior que fue evolucionando hasta llegar a ser lo que suponemos que somos ¿Traspasaríamos el tiempo? o al morir nos desintegraremos como simples moléculas, desafirmando la ley de que la materia ni se crea ni se destruye… sólo se transforma. Ahora bien, si es cierto que trasgredimos nos debemos preguntar ¿En qué?
Tal vez pasaremos a ser parte del medio ambiente, convertidos en fosfatos, carbón, oxígeno o sabrá Dios qué otra cosa, pero si nada de ello es realmente lo que parece ser… ¿Qué hay después de todo esto? Si tomáramos como ley esto último, entonces sería un verdadero desperdicio por desaparecer totalmente como entes al morir. Deshaciéndose en nada lo que acumulamos, perdido el legado adquirido al pasar por nuestra vida. Quizás nuestra herencia por tener que desaparecer sean precisamente los hábitos y las costumbres de aquellos que una vez fuimos -generaciones tras generaciones-, desde que dejamos de ser complejos animales, comenzando a agruparnos en comunidades para protegernos mutuamente, fomentando con el tiempo y todas esas vidas, primeramente un núcleo familiar. Luego un grupo racial o etnia, creando comunidades hasta lograr ser nacionalidades, para al final llegar a ser lo que hoy somos.
Retomando nuevamente y para concluir, lo de las nuevas tendencias -new ages-, elegiremos convivir por siempre con el mismo grupo de entes, asumiendo roles diferentes cada vez. Siendo hoy el hijo y mañana el padre, el tío, la novia o el amigo fraterno… buscando por siempre el amor. Como un artista realiza en Hollywood. Entonces y antes de perderme en todo esto, en mis propias ideas y conjeturas de lo qué podemos ser realmente, le lanzo una nueva pregunta al lector… ¿Será tal vez virtual todo cuanto vivimos? ¿Somos tan sólo el sueño de alguien? Siendo nomás que convergencias de energías, procedentes de entidades superiores, que han creado lo que creemos poseer desde la infinidad del Universo hasta la bacteria más insignificante, para creer llevar a cabo lo que se va realizando, pero… ¿Cuando ese alguien despierte, qué pasará?
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Publicado el 21 de Noviembre, 2005, 20:26.
en General.
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Antes del microondas la vida era diferente, nadie corría a buscar nada, todos íbamos despacio porque tiempo había, no era cosa de estar con media vara de lengua afuera y los goterones de sudor corriendo por las sienes.
Había calma, se disfrutaba más de la conversación, de una charla ligera con el vecino o dejar pasar el tiempo mirando a los niños jugar sus juegos de temporada… así medíamos el tiempo, ahora football, luego las canicas, después la pelota, el volley… y la ¡playa! Se nos caía la baba mirando aquellos culitos bambolearse al compás de su andar cuando cruzaban nuestro ángulo visual y los amigos reunidos en la arena dejábamos la idiotez de ver quien tenía más bíceps o mejor formado el pecho por el gym… ¡Nada! Ellas nos destrozaban con un simple contoneo de sus caderas y un mirar de reojo, y como tontos les caíamos atrás ¡Qué tiempos aquellos!
Las películas del cine, las reuniones en la marquesina de las casas para bailar un rato con aquellas chicas, la que te miraba solapadamente, la que te quería comer con sus ojos, y el amigo que te ponía zancadillas para tumbarte la que más te gustaba. Eran tiempos mejores, cuando se compartía y se vivía mucho fuera de tu casa.
Así crecimos y así llegamos a la tienda de electrodomésticos y vimos allí, tranquilo, reluciente y repleto de orgullo al Microondas, con su tapa de cristal oscuro y sus botones de mando a uno de sus lados… ¿Qué era aquello? Nos decíamos, y el diligente vendedor venía en nuestra ayuda con su geta orgullosa porque la tienda exhibía un nuevo producto que revolucionaría no solamente al mundo y su tecnología, sino a la vida misma. No llegaría nadie a comprender que desde aquel mismo instante que apareciera aquella cajita metálica de color blanco y muy parecida a un tipo nuevo de televisión, que ya nada seria igual, que Cristo pasaría a segunda fila, desplazado al cabo casi de los 2 mil años… ¡Vaya record el del Señor! Pero en verdad, se lo merecía, destruía el mito del horno, del calentador y cuanto había hasta entonces para calentarse un plato frío de comida dejada por nuestras adorables madres porque llegábamos tarde de la universidad, un poco de leche o un trozo de pan del día anterior. Ahora todo es más sencillo, más fácil, meter el plato, el vaso o el trozo de bocata dentro de la cajita metálica, cerrar su puerta de cristal oscuro que jamás nos deja ver como lo que pusimos da vueltas dentro como un loco, hasta que ¡puf! ya está calentito y presto para comerse, y que gustosamente abrimos para sacar de él el alimento deseado, dejarlo medio abierto y largarnos sin más… ¿Quién cierra el microondas? ¡Nadie! Se quedará abierto hasta que otro venga y peleando diga lo mismo que dijimos nosotros cuando lo fuimos a usar ¡Coño, siempre igual… jamás cierran la puñetera puerta! ¡Un día lo van a joder! Pero no, él sigue ahí con su puerta medio abierta o medio cerrada, de acuerdo a como tengamos el día.
Antes las épocas las podíamos ya dividir en dos A.C y D.C, pero ahora hay que agregarle dos más: A.M y D.M, sí, porque el microondas nos trajo luego un sinfín de nuevos aparatos electrodomésticos… tanto para la cocina, como para el salón de estar, llegó la tele de veinte y tantas pulgadas, las de cristal plano, las de plasmas, los tape-recorder, los CD players, el karaoque, las vídeoconsolas, pero todo pereció al poco tiempo. Un nuevo aparato vino a revolucionar el mundo, haciéndolo cada vez más y más chico, alejándonos paradójicamente a la vez que lo íbamos aceptando en nuestras vidas. Se unió el televisor, la grabadora, que pasó ser almacén de datos de información, la maquinilla vieja se convirtió de la noche a la mañana en un esplendido keyboard, repletito de teclas con números, letras y raros dibujitos, todo unido por una infinidad de cables que se accionaba por otro más minúsculo aparatito nombrado Mouse, debido a su semejanza con el roedor que tanto dolor de cabeza nos ha dado desde siempre, desde que decidimos avanzar y convertirnos en sociedad apiñada en tugurios nombrados ciudades.
Sí señores… ¡la computadora! Ese maravilloso invento que nos ha encerrado en una habitación plantándonos ante un reluciente screen que nos comunica y nos acerca con cualquier parte del mundo, menos con nuestra familia, y nuestras madres, esposas o hasta abuelas se desgañitan gritando ¡Vengan a comer! Ante ellas pasamos todo el tiempo libre y no, pues ya no hay centro de trabajo que no tenga al menos dos… a veces me cuestiono para qué, si cuando vamos a reclamar algo que les compramos jamás poseen la factura que nos iniciaran cuando fuimos, precisamente, a comprarles, ese día que nos pidieron hasta la hora que vamos a hacer caquitas, pero no… ya no hay nada allí dentro, no apareces ni en los centros espirituales ¡Hasta eso amigos! Hasta los centros espirituales se han convertido a cibernautas y tu horóscopo te lo envían gratis a tu e-mail o tu carta astral la puedes comprar en cualquier website del menester… ¡El amor! Dejamos de andar por las calles con nuestros amigos, tomándonos unas frías cervezas en el pub de siempre, vertiendo jabón líquido en la fuente de la avenida principal por el sólo hecho de joder al policía del barrio con la espuma que se arma luego; de enamorar a la chica nueva del barrio por andar "navegando" -palabrita rebuscada para que no nos creamos idiotas- por los cyber-espacios.
Todo, de a poco, ha ido sucumbiendo al ordenador, a la computadora… en vez de sucumbir con la puta de Dora. Pero no, el microondas está ahí, ecuánime, en paz consigo mismo, sabiendo que por muy computadora que sea la nueva tecnología adquirida, él estará siempre en primera fila, el aparatito recurrente cuando nos percatamos que hemos perdido todo el santo día frente al brillante screen, desechando los papeles blancos donde antaño escribíamos los capítulos de nuestras novelas, donde dejábamos las lágrimas en las estrofas de los poemas por el amor perdido o no hallado… ¡Ah las golondrinas que no volverán!... al menos, si no desaparece el ordenador.
Y me cuestiono ahora: ¿Qué sucedería si por arte de magia, por un rayo caído del infinito, por una orden celestial dada por Cristo al verse desplazado ya no por el microondas, sino también por el ordenata, o porque un loco que no tiene lap-top y aborrecido del mundo y de la vida misma se lanzara contra una subestación y nos dejaran sin fluido eléctrico durante un mes? ¿Qué harán nuestros hijos, si no tienen la más puta idea de cómo divertirse fuera de las cuatro paredes de su dormitorio?
Talvez aquellos de antes del microondas logren sobrevivir, como cuando un huracán llega a las costas de alguna islita del Caribe y sus nativos se la componen todo un mes sin agua, ni luz, calentando o cocinando con leña sus aimentos, mientras que los europeos y americanos vacacionistas se tiran de los pelos y terminan por interrumpir sus días en la afrodisíaca islita, sin llegar jamás a comprender que precisamente ese huracán hace de la isla lo paradisíaco.
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