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Publicado el 3 de Mayo, 2008, 13:42.
en Reajuste de Espectativas.
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by Manuel Darío
as distancias acaban imponiendo sus leyes, haciéndonos guardar las cosas que nos pueden doler. Intentando con ello sobrevivir a muchas que obligado nos vemos a dejar para emprender el camino de nuestra vida, ese que por más que eludamos acabará cruzándose con los atajos, aunque algunos digan que nuestro camino está hecho de todos esos atajos. Al final lo tendremos que agarrar firmemente o él se nos impondrá a nosotros.
Cuando decidamos echar a andar, el equipaje será ligero porque la distancia no la sabremos hasta que no la concluyamos, tendrá que ser ligero porque nos abrumaran los momentos vividos a cada instante, los que dejamos andando su camino. Pero con el tiempo, pensaremos en todo eso y buscaremos entre los rastros los recuerdos, los instantes, la gente que compartió con nosotros, o los hechos que nos conformaron… Algunos tristes y otros alegres. Desconocemos que al abrir esos libros dormidos las imágenes saltaran para chocar con la actual realidad y sin desearlo compararemos tiempos, amigos, buscaremos las personas que tuvieron su protagonismo y descubriremos que nada de eso ya está, que el tiempo decoloró las fotografías y la memoria ha fallado en sus recuerdos, olvidando algunos, distorsionando otros; perspectivas que se confunden con los colores que le hemos ido incorporando para que se mantengan atados a nuestra piel.
Algo sí será factible y reconfortante, una alegría arribará junto a todas esas cosas que vamos sintiendo, navegando entre cada detalle, imposibilitados de ahogarnos en las lágrimas que brotaran al ver que muchos de esos momentos no estaban presente, porque las realidades compradas al partir llenaron las alforjas.
El amor, la amistad, la familia o los espacios que nos circundaban chorrearan de la luna al mirarla como recuerdos ilustrados que nos atacan sin piedad. El balance estará en saber si lo logrado meritó, si todo lo perdido pesa más que lo conseguido, por cualquiera de las dos cosas pensaremos si aún tendremos el suficiente tiempo para buscar esos recuerdos, si mañana no se nos acabará la vida. Nada podremos hacer para escapar de las evocaciones, nada nos quitará el dolor de no poder volver a ver a quienes marcharon y no le despedimos, o los que por una u otra razón se alejaron de nuestro existir engrosando el listado de los que no están.
Fotos que abruman el presente, soplos de viejas fotos de gente que satisficieron los criterios, luces que iluminaron los sueños vencidos o desechados, convenciendo al tiempo para correr tras otros hasta culminar las ilusiones y de repente están las memorias ahí, dormidas entre esas fotos que se dejaron en un cajón guardado en lo más alto del closet, extraviado entre todo lo demás que no usamos, sin saber dónde volver a guardarlos cuando nuevamente topamos con ellos y la soledad nos fastidia deseando poder retornar aunque sea por un insignificante instante para decirle a todos cuanto le pudimos querer, cuanto nos duele no tenerles en nuestro actual presente, y despacio nos marcharemos con el peso de lo perdido o con la alegría de lo construido… Eso, sólo lo sabremos cuando al final lleguemos, cuando veamos lo que construímos.
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Publicado el 19 de Abril, 2008, 18:52.
en Poemas.
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by: Manuel Darío
A Dios le pedí amor,
pero como siempre,
Él… se toma su tiempo…
Me regaló pasión.
Me regaló ternura.
A Dios le pedí esperanza,
pero como siempre,
Él… se toma su tiempo…
Me regaló persistencia.
Me regaló sueños.
A Dios le pedí constancia,
pero como siempre,
Él… se toma su tiempo…
Me regaló fuerza.
Me regaló tesón.
A Dios le pedí milagros,
pero como siempre,
Él… se toma su tiempo…
Me regaló ilusión.
Me regaló confianza.
A Dios le pedí olvido,
pero como siempre,
Él… se toma su tiempo…
Me regaló paciencia.
Me regaló calma.
A Dios le pedí perdón,
pero como siempre,
Él… se toma su tiempo…
Me regaló comprensión.
Me regaló juicio.
A Dios le pedí distancia,
pero como siempre,
Él… se toma su tiempo,
Me regaló mesura.
Me regaló lógica.
A Dios le pedí ideas…
pero como siempre,
Él… se toma su tiempo,
Me regaló fantasías.
Me regaló verdad.
A Dios le pedí creencia,
pero como siempre,
Él… se toma su tiempo…
Me regaló evangelio.
Me regaló lealtad.
A Dios le pedí mis pasos,
y me los dio
… ¡desde hace ya, mucho tiempo!
San Juan, Puerto Rico
Jueves, 15 de Julio de 1999
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Publicado el 19 de Abril, 2008, 16:08.
en Instantáneas.
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By Manuel Darío
uizás esta palabra, Guagua, pueda significar diferentes cosas para personas de diferentes partes del mundo, como es el caso de Sudamérica, en Chile, donde una guagua no es más que un bebé, no así para los nacidos en Canaria, o en el Caribe, como es el caso de Cuba, Rep. Dominicana, Puerto Rico y desde hace más 40 años, con la llegada de los exiliados cubanos a La Florida, donde simplemente significa el bus común y corriente que cada día nos transporta de la casa al trabajo, al cine o las tiendas.
Habrá que tener mucho cuidado en su uso, acorde al lugar donde estemos, pues un chileno que esté en Santo Domingo o La Habana, si expresara que: Debe darle el pecho a su guagua, le mirarían con cara algo insólita e inmediatamente se alejarán de él creyéndole loco; así como un puertorriqueño o canario en Stgo. de Chile si dijera que: Voy a coger la guagua, lo detendrían en el acto por pedófilo.
Se cree que el origen de esta emblemática palabra venga del inglés Wagon o vagón creada en Canaria, ya que el autobús no es otra cosa que un vagón con ventanillas y asientos para el transporte público, y que dado a la gran emigración canaria en un instante de la historia llevó hacia esta zona su uso.
Haciendo algo de historia; primero fueron aquellas guaguas de palo que le hicieron la vida imposible a los tranvías hasta vencerlos. Creo que de este hecho surgió una nueva palabra: Guagüero, ese señor todopoderoso que ante un gran volante, guía o timón va conduciendo la guagua. Todopoderoso porque él y nadie más que él decide quien sube, dónde sube y dónde se ha de quedar, abrirá las puertas cuando lo crea y las cerrará cuando le dé su real gana, sin importarle si tendrás que caminar dos como cinco manzanas para llegar a tu destino. Él parará en el lugar que así lo decida, no te escuchará tus gritos de ¡La Parada chofer!, y si por casualidad ve a algún conocido, acomódate bien porque posiblemente se pondrá a conversar un rato ¡Qué decir si se baja a tomar un buchito de café!
Con el tiempo el uso de guagüero fue ampliando su significado y por su puesto su uso, ampliándose hasta absorber el propio sentido de otras como: desgraciado, sinvergüenza hasta las más agresivas: hijoeputa, maricón, etc.
Muchos han sido los que en un momento de su vida se vieron atrapados por los designios de estos señores… hoy también existen señoras. Frustrado por la impotencia de no poder hacer nada y en un estado de clímax ver como su parada se alejaba, otros han tenido que correr tras estas guaguas porque su conductor decidió continuar unos cuantos metros más adelantes, a veces sin detenerse y el esfuerzo de alcanzarle fue vencido por el agotamiento. Justo en uno de estos instantes y gracia a la avispada chispa caribeña, luego de verse perdido, surgiera la conocida frase de ¡Este guagüero hijoeputa!
De ahí, como un tropel de ideas y ofensas nació ¡Este guagüero! ¡Tenías que ser guagüero! ¡Guagüero de mierda! y así muchas otras, pero la más original de todas fue una tarde a la llegada a la universidad cuando tras una aguerrida disputa entre un grupo de estudiantes y el conductor de la guagua se le escuchó decir a un chico desde su asiento, en lo más profundo de la guagua: ¡Tú lo que eres es… Un guagüero! Resumiendo así todos los anteriores significados de esta pintoresca palabra.
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Publicado el 11 de Abril, 2008, 22:15.
en Instantáneas.
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Hace mucho tiempo que llevo intentando hallar a familiares con los cuales mi familia perdió contacto, ellos según la última información recibida vivían en Colombia, Bogotá creo haber oído, son hijos de un tío-abuelo mío que murió a finales de los 40´s o principio de los 50´s en un accidente automovilístico cuando su jeep o algo parecido cayó por un barranco en su viaje: Bogotá-Barranquilla o a la inversa.
Su nombre era Francisco Esterella Tariche, sus hermanas Dolores (mi abuela), Ofelia e Isabel Esterella Tariche. En dicho accidente iba su hijo Robinson y un amigo nombrado Ernesto Torres. Su esposa le llamaban Maruca. En Cuba tuvo un hijo llamado Darío Esterella Forjan que murió a la edad de 60 años por un infarto del miocardio
Este familiar era viajante médico, vivió en Cuba, México, Puerto Rico, New York.
Mi interés viene dado por estar escribiendo un libro basado en los cuentos que mi abuela nos hacía cuando éramos chicos, creyendo que eran fábulas. He intentado hallarles mediante la ayuda de algunos amigos colombianos y a través de la embajada colombiana en Madrid, pero hasta ahora no he logrado nada.
Cualquier información, si alguien pudiera tenerla se agradecería y les pediría dejaran su e-mail en comentarios que inmediatamente les contactaré.
Gracias anticipadas.
Manuel Darío
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Publicado el 2 de Abril, 2008, 10:55.
en Algunas verdades.
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by Manuel Darío
Por esas casualidades me vi en la necesidad de ir ante un notario para servir como testigo a un amigo. El notario, una campechana persona que deja algo lejos la figura que antiguamente podíamos tener de un notario, sobre todo por su vestimenta negra.
Mientras tuvimos que esperar por una serie de acotaciones que muy gentilmente sugirió al abogado que llevaba el papeleo nos pusimos a conversar, creo que él quería ver la parte humana de cada uno de nosotros y así, sin darnos cuenta terminamos hablando de literatura y la escritura.
Para muchos el ser escritor tiene un halo de misterio, es una persona que posee una vida fantástica, totalmente diferente al resto de los humanos, creo que nos ven rodeado de personajes que no tiene cuerpo, figuras etéreas que deambulan los pasillos, el jardín de la casa del escritor, perdidos en nuestros propios pensamiento. Tal vez charlando constantemente con nuestras Musas, histéricos y ego-centristas. Creo que nadie ve al escritor comprando un jean, discutiendo una multa de tráfico, si nos ven sentados ante una mesita redonda con una humeante taza de café dispuesto a comenzar a escribir algo sobre lo que nos rodea. Me sorprendió que este señor sintiera ese deseo de conocer cómo vivimos, preguntar por la parte real de la vida, si logramos vivir de nuestro trabajo.
La mayoría de las personas terminan diciendo que les gustaría escribir, que tienen un sinfín de historias que si nos enteráramos de ellas podríamos hasta ganar un Novel de Literatura, este señor No, sin más me dijo que serviría para Critico, que no podría escribir porque tampoco había leído demasiado… ¡Leer demasiado! Esto me llamó la atención, porque yo tampoco he leído demasiado, reviso cuanto libro me cae en las manos, pero de ahí a leerlo, va un gran trecho, pero ¿A qué llamamos leer demasiado? ¿Cuántos son los libros que se deben leer?... ¿Alguna vez se llegará a leer demasiado?
Pienso que escribir nada tiene que ver con leer, claro que hay que tener un deseo por la lectura, un interés por la literatura, pero lo que un escritor debe tener es Fantasía, dejarse llevar por sus ideas, absurdas, tontas, locas. Quizás y como una vez me dijo un amigo: Ser un irremediable mentiroso que canaliza su padecimiento a través de la escritura, donde las mentiras e inventos son aceptados como cuentos y novelas. Esto es lo que define un buen escritor de un simple escritor y no todo el andamiaje que se ha ido creando alrededor de la literatura. Mediatizando los premios, desplazando a los desconocidos por los que ya van decayendo pero son conocidos, dar noticias inventadas para crear expectativas y el producto: libro, se venda mucho antes de salir al mercado. Dejar a un lado la edad del escritor y ver la calidad del trabajo y esto último me dejó sorprendido, cuando escuché hace pocos días que un escritor de 50 años ya no tendrá futuro… ¿Qué clase de futuro? ¿El de él o el de la editorial, agente y andamiaje publicitario? Es sorprendente que un ser humano, sea del sexo que sea, que al cumplir sus 50 años ya no pueda pensar en otra cosa que terminar su vida ante un televisor viendo programas del corazón.
¿Qué pasa con nuestra sociedad? Buscamos y deseamos vivir más tiempo, que nuestro andar por este mundo llegue a más años que los predecesores y esto trae consigo mayor cantidad de personas de más edad, pero para qué lo hacemos si la misma sociedad discrimina al Mayor, al grueso, al feo… ¡al diferente! La experiencia, la calma, el pensar dos veces o el no dejarse llevar por el primer impulso a ¿dónde irá a parar? ¿La calidad del trabajo, no tiene importancia porque sobre pasas la edad admisible? ¿Cuál es esa edad admisible? ¿Quién la determina? Si llegamos a desechar todo lo que no sea joven, hermoso, chic, entonces caeremos en la destrucción de todo lo que hemos venido construyendo, creando desde que como humanidad venimos legando. De hecho tenemos ya muchos años como sociedad… ¿A caso debemos ya desaparecer?
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Publicado el 28 de Marzo, 2008, 17:19.
en Poemas.
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Ahí están ellos,
como estuvieron siempre.
Esperando cada mañana,
su rocío de agua,
… sin inmutarse.
Abriendo sus hojas al sol
… al día;
como si todo… ¡todo!
permaneciera igual.
Rodando sobre sus ramas inconclusas
las gotas de agua…
refrescando el calor,
alimentando sus raíces.
Mis helechos
… ahí están… como siempre
en cada maceta,
en cada rocalla,
entre las sombras y la luz;
dispersos entre sus posiciones
desde ya… muchos meses atrás.
Emergiendo algunos…
muriendo otros.
Permaneciendo callados,
sin cuestionarse:
¿Por qué no han de entrar a la casa?
Invadiendo de verde los espacios,
descomponiendo la luz,
armonizando el ambiente.
… ¿Para qué los volvería a entrar?
Para que el calor
los destroce…
para que el tedio los marchite.
Aplastados por el abandono,
que les roba el desamor
… su verde ilusión,
sin que llegaran a comprender
que la vida…
de la casa ya se alejó.
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Publicado el 27 de Marzo, 2008, 11:43.
en Instantáneas.
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by Manuel Darío
ace algunos años que me dio la pataleta de escribir, o tal vez la tuve siempre y no le prestaba la atención suficiente, perdido quizás entre los colores, el lienzo, los trazos de cuando estudié pintura, luego sí que me extravié entre las proyecciones y las perspectiva de la arquitectura, intercalado todo entre los brazos de algunas mujeres que me hicieron echar a un lado la inclinación a escribir… ¡Hasta un día!
No sé si fue especial, si el sol brilló más esa mañana o fue la soledad y la frustración lo que me hicieron comenzar a rasgar un sinfín de pads donde dejaba plasmado bocetos, ideas que luego se fueron agrupando, distribuyendo, mejorando hasta llegar a ser una novela, en su mayoría de ficción mezclada con realidades.
Tuve, eso sí, la gran suerte de conocer a alguien que hasta el día de hoy ha sido muy especial para mí; que su ayuda y dedicación me hizo caminar con mejores calzados sobre las calles de la literatura. Alguien que hoy posee el título de mi segunda madre… más que mi profesora.
No sé por qué, pero de repente cruzaron mi mente algunos de los personajes de mis novelas, Hatuey, Gerardo o Marcial de Cuando a veces el tiempo no alcanza, Sonia y Richie de Qué tiras al agua –por hablar de algunos- sabiendo que de todos ellos he tomado alguna experiencia o les he aportado algo de las mías. Me cuestioné si no son más que reflejos de mí mismo, de aquellas cosas que hubiera querido ser y no fui. En verdad, no veo que haya que detenerse mucho en eso, cada autor pone de sí en su trabajo, experiencias que seguramente posee de su propia vida o de su entorno. Como cuando proyectamos una edificación, cada línea, cada figura es parte de nosotros, es lo que nos distingue del resto. Nuestra firma.
También debemos hablar de aquellos personajes que terminan siendo ellos los que ponen las pautas y nosotros como su parte real de la ficción sencillamente describimos lo que él nos dicta. Así ocurre muchas veces, realizamos una panorámica general del personaje, lo situamos en un ambiente pre-elaborado para él, pero al final, toma sus riendas y nos vemos inmersos en acciones que no teníamos en mente… ¿Es esto malo? ¿Dejamos de ser escritores por no controlar nuestro personaje? Nada más lejos, porque jamás dejaremos de ser nosotros, aunque el personaje imponga sus condiciones, son ideas que afloran de nuestro yo más interno que nos hacen descubrir cuánto de fantasía poseemos y que solamente, dejando que la pluma corra lograremos sacar.
Puede que no seamos los perfectos, galardonados y reconocidos escritores que llegamos a la fama, pero jamás dejaremos de ser el escritor por excelencia si nuestros personajes son capaces de hacer llorar, reír o sencillamente lograr que quien nos lea, al final tenga un comentario que discutir.
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Publicado el 14 de Marzo, 2008, 20:29.
en Algunas verdades.
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by Manuel Darío
omo parte de una gran escalada contra los abortos ilegales, se está haciendo eco las recientes declaraciones del ginecólogo Carlos Morín, quien ha reconocido ante juez que sus clínicas practicaron abortos a adolescentes de 13 años, como también a mujeres –of course- con más del tiempo aceptado para realizarlo; sobre los siete meses o hasta las 33 semanas, según conversaciones grabadas de otros médicos de la clínica… ¡Qué horror!
Se ha hecho toda una fanfarria sobre esto, pensando que habrá muy pocas personas que estén a favor de hacerlo, cuando se está eliminando el derecho a la vida, cuando se está poniendo en peligro la propia vida de la mujer que ha sido concebida.
Pero muy aparte de todo el engranaje judicial, la ética tirada por tierra de los galenos explotadores de este menester y el raciocinio humano de las personas que deciden interrumpir su gestación, apoyadas algunas por su familiar, o conyugue, también se debe pensar en que no toda la culpa está en esos médicos que han determinado hacer las interrupciones, viendo más allá de su dedicación opacada por el color de los billetes. Tal vez, y fíjense bien que digo: tal vez, la culpa también esté en esas personas desesperada porque no pueden asumir la responsabilidad y deciden materializar el aborto. Es fácil pensar en que debió pensarlo primero antes de hacerlo, pero puede una chica de 13 años deducir tal responsabilidad… podrá tener ese grado de conciencia su novio de aproximadamente su misma edad. Nadie se ha puesto a pensar en el grado de libertad que la propia ley ha depositado sobre esos niños sin que para nada medie su total educación, creando así la actitud que trae esa libertad, esos derechos y todo cuanto venimos inventando para lograr ser civilizados.
No se podrá estar de acuerdo en asesinar un humano de 33 semanas, pero tampoco hacemos nada cuando esa mujer pare a su indeseado hijo y quienes tienen la obligación, simplemente viran su cara por los prejuicios sociales… ¿Qué se puede hacer? ¿Tener el niño y criarlo sin amor, logrando que se vaya sintiendo desplazado con el tiempo?, convirtiéndose al final en una escoria más. Pudiéramos hablar también de adopción, pero cuánto tiempo no cuesta llevarlo acabo, cuántas trabas existen, cuánto papeleo se requiere para lograrlo, y el tiempo va pasando, y ese niño cada día va viendo la vida como un sacrilegio, sintiéndose el error y no la culminación.
Muchos son los que han levantado la mano en señal de protesta, muchos vienen señalando desde hace tiempo todo este gran y horrendo negocio, pero ¿alguien ha levantado la mano para dar una solución que no conlleve a estas cosas tan despreciables y en su mayoría desesperadas? Nos apoyamos en las leyes que tenemos, leyes que no satisfacen las expectativas, leyes que en su mayoría dejan huecos por donde se filtran todas estas barbaridades.
No queremos abortos, pero no hacemos nada por los niños despreciados, hambrientos y desplazados. No queremos abortos, pero las leyes atan de manos y pies a los padres de esas niñas que tienen derecho a sus derechos y que abusan de ellos sin leer la otra parte de los derechos… las responsabilidades. La ley juzga al niño de una forma superficial, dejando caer normalmente la totalidad de la culpa de lo ocurrido sobre sus padres, sin detenerse a pensar que esa misma ley de derecho atrapa a los padres en una encrucijada.
Las mujeres que no tienen los medios, la que es echada de la casa porque mantuvo relaciones con su novio o amigo y la sociedad –aún troglodita- la juzga con una regla diferente a la del hombre.
Ahora también se alza la iglesia con que usar anticonceptivos es un pecado… No se entiende, jamás se dijo que el Todopoderoso haya bajado nuevamente a visitarnos y en un gran conclave con los magistrados episcopales dio sus últimas directrices de comportamiento. Va y lo hizo vía e-mail, algo muy de moda hoy y por ello sólo hemos escuchado la parte humana de la fe. Se unen a la comparsa porque para ellos el sexo también es un pecado, si no se realiza con el único propósito de la creación… ¡Si eso fuera verdad, no habrían clínicas de aborto, ni niños indeseados, ni matrimonios solicitando adoptar un bebé! Ni cambio climático, ni políticos a los que no les importa nada más que gobernar sin mirar todas las necesidades y carencias de sus votantes… ¡Tal vez ni iglesia hubiera!
Juzgamos, culpamos y condenamos a quien toman una decisión –buena o mala- desplazamos a quienes son diferente, o hacen cosas que todos hacemos, pero la hipocresía en la que vivimos nos mueve a denigrarles. Habrá que sancionar a quienes realizan actos que atentan contra la vida de cualquier ser humano, pero junto a ello también estamos en la obligación de buscar las soluciones para que esas cosas no ocurran, pero no parcheando leyes mal concebidas, ni ideas arcaicas que solamente alejan al necesitado de la solución verdadera.
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Publicado el 17 de Febrero, 2008, 13:24.
en Reajuste de Espectativas.
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by: Manuel Darío
Somos el reflejo de nuestros acontecimientos, el resultado de hechos que nos han moldeado. Tanto de los agradables como de los dolorosos, siendo estos últimos lo que más raíces introducen en nuestras memorias. Con todo ello caminamos la vida, reestructurándonos luego de cada contienda, largando un trozo de piel y algunas lágrimas; marcando indeleblemente nuestra actitud ante cada hecho que nos llegará. Cerrando las puertas muchas veces por temor a volver a caer. Pero el amor como el olor, como la luz del sol, como el trazo de un cometa en la noche, nos absorberá una y otra… y otra vez, marcando el derrotero a esa felicidad que ilusa, verdadera o hasta virtual nos alcanza cualquier día, por más que esquivemos su encuentro. ¿Qué podemos hacer para cuando él toque a la puerta?
No lo sabemos, porque tampoco le vemos tal cual es. Se esconde, se diluye o hasta se confunde entre las normalidades de cada instante. Una mirada, una sonrisa. Quizás un simple ¡No sé! y ya todo está hecho. Abierto ante nuestros pasos sin que podamos eludirle. O tal vez no queramos tampoco… Habrá mil y tres excusas para salvarle, mas él tendrá otras mil y tres razones para conquistarnos.
No importará si sufrimos, si lloramos, si dejamos, si herimos. No le importa si como un objeto más fuimos usados, si la propia vida nos llevó a cerrarnos. Él, el Amor, destruirá las disculpas, las razones, las necesidades prioritarias que durante algún tiempo nos hemos fabricado para ocultarnos de él… ¡Nada le importará!
Mas, cómo continuar, cuando fuimos diana de sus caprichos, de su loca manía de lanzar sus flechas sin importarle el momento, la circunstancia, el tiempo, la distancia. Se revolcará lo establecido para darle paso a la imperiosa necesidad de buscar a quien comenzamos primero a ver diferente, quien por "pura casualidad" estaba allí, cuando decidimos abrir la puerta y tomar la vida, luego y de apoco, como un cosquilleo insignificante subirá por la piel, penetrando los sentidos, hurgando entre los rincones más oscuros para llenarlos de luz.
De repente un día… de esos que tropezamos al doblar de una esquina, su figura se enaltece, se eleva, abarcando nuestro horizonte y ya no será aquella de tantos que cada día topamos en nuestro vivir y nos inventaremos las más fabulosas ilusiones, las historias contenidas en nuestras mentes. Pintando de violeta las fantasías, derramando los sueños en esa inmensa luna azul que mantenemos por siempre en nuestro oscuro cielo. Pero al decidir conquistar también seremos conquistados, cediendo espacio, terrenos, opciones; para compartirlas con esa persona que de forma inesperada corre por nuestras venas inundando la imaginación, germinando así la sonrisa que una vez perdimos.
Si al Amor le viéramos como es, delicado, tierno, falta de cuidos, necesitado de constancia, jamás pereciéramos en la cotidianidad. Si al Amor le tuviéramos como es, indeciso, taciturno, caprichoso, colérico, amable, enérgico… nuestra felicidad no fueran tan sólo unos años de armonía y satisfacción sexual. Fuera el Amor, el roce de manos una mañana, un guiño desde el auto a despedirnos, un te quiero lanzado desde la oficina y un No pude más y vine a verte…
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Publicado el 22 de Abril, 2007, 23:15.
en Algunas verdades.
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by Manuel Darío
Las noticias a veces paralizan nuestras neuronas, dejándonos boquiabiertos, tontos y hasta pensando qué otra cosa podrá llegar a suceder.
Venía de regreso y en la radio, mientras transitaba por las aguerridas autovías rumbo a mi casita, de repente, como rompiendo todo concepto el locutor informa que el Vaticano ha declarado que: Desde hoy los niños que mueran y no hayan sido bautizados dejaran de ir al limbo… que ha sido abolido el limbo ¡Qué fue lo que escuché!... pero, ¿y qué pasa ahora con el limbo? De un plumazo lo borran los eruditos del Vaticano y todos los anteriores niños que no fueron bautizados ¿qué harán con ellos? Siglos de haber estado en el limbo y de repente llegó Ratzinger y mandó a parar o mejor dicho mandó el limbo a la mierda… o al limbo.
Me imagino que todo allí quedaría desvencijado, los que cuidaban de los babies quedaron de la noche a la mañana sin empleo, sin saber a dónde ir o los habrán reubicado en algún otro lugar algo menos lejano y lejano también el día en que pase por el filtro y desaparezca. Ahora estarán esos mismos sesudos teólogos pensando dónde llevar toda esa cantidad de kids, algo que muy bien pudieran resolver invistiéndolos de Angelitos y así podrán deambular por todo el cielo sin que nadie les moleste los pobres babies desnudos y con alitas… pero ¿No le hubiera sido mejor haber declarado que jamás estuvieron esos niños en el limbo, sencillamente porque el limbo solamente fue una invención de otro sesudo de la iglesia para engrosar las filas de adeptos?
Hay sucesos que dan risa, otros dan pena y algunos, como esta noticia, nos pone a pensar si realmente todo en lo que nos han venido diciendo desde tiempos de cuando las cornetas eran de palo es real o un simple cuento de hadas para que mediante el miedo nos sometamos a los deseos de otros que inteligentemente han inventado una posición que tampoco ha existido jamás. ¡Crean esto… ya no!, ha dejado de ser una realidad porque teólogos que jamás han salido de la Tierra han dicho que hay suficientes razones para creer que el limbo jamás ha existido… ¡Vaya, ni que hubiera que quemarse las pestañas estudiando teología para saber que el limbo y muchas otras tonterías de las religiones han existido! Puede que desde Monte Palomar uno de esos Cardenales echando un ojo al Universo descubrió que el limbo no era más que una mera suposición y que donde se suponía que estaba, lo que existe es un gran espacio repleto de gas, polvo y materia inerte dando vueltas alrededor de un centro aún por escudriñar. Talvez fue el propio Dios que envió un mail advirtiendo que dejaran el cuento del limbo, porque todos esos niños sin bautizar le caían en su casa como si fuera una beneficencia y, como una canción que escuché haya dicho:¡No hay cama pa´tanta gente!
Una vez –cuando mi época de universitario- expresé que esperaba que durante mis años de vida ocurrieran dos cosas: desapareciera la URSS y aparecieran marcianitos en el aire… uno de los dos deseos se cumplió, el otro, los americanos lo tienen medio oculto con el cuento de Roswell y los aeróstatos; pero lo que jamás pude llegar a creer que la iglesia católica comenzara una decadencia de conceptos… pero bueno, más vale tarde que nunca y aunque con algunos miles de años han comenzado a decir que han venido diciendo un cuento que ni ellos mismo se han creído jamás.
Quizás mañana otra gran noticia escuchemos aclarando que han descubierto que el manido Paraíso tan sólo fue un cuento infantil para dormir los niños en los tiempos de esa misma trompeta de palo, pero que con el juglar y el tiempo lo convertimos en religión. Espero estar cómodamente sentado frente al mar porque como a muchos me llegará entonces la duda de que por fin de dónde venimos… de Adán y Eva o de algún lugar algo lejano que precisamente no se llama limbo.
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